Capítulo 7
Sebastián se dirigió directamente al sofá y se dejó caer con pesadez. Sus dedos inquietos buscaron la cajetilla de cigarros en el bolsillo interior de su saco, un gesto automático que revelaba su ansiedad contenida.
En el momento que extrajo un cigarro, Isabel se lo arrebató de las manos con un movimiento brusco y lo arrojó al bote de basura. Sus ojos brillaban con un destello de desafío que
Sebastián conocía demasiado bien.
La mandíbula de Sebastián se tensó visiblemente, una vena palpitando en su sien.
-¿Qué te pasa? -La incredulidad teñía su voz.
“Jamás me habían tratado así“, pensó, recordando inevitablemente cómo Iris nunca cuestionaba sus acciones, cómo se limitaba a asentir con esa dulzura que tanto lo cautivaba.
Isabel se cruzó de brazos, su postura era un claro mensaje de dominancia territorial.
-No quiero que fumes en mi casa.
“¡Esta mujer!“, la frustración de Sebastián era palpable. Sus dedos tamborileaban en el brazo del sofá mientras intentaba contener su irritación. Las notificaciones de su teléfono no habían parado desde la mañana, y el escándalo mediático solo empeoraba su humor.
-¿Mandaste a Paulina a filtrar la noticia?
La pregunta flotó en el aire como una acusación velada.
-¿De verdad vas a cancelar la boda así nada más? ¿No crees que estás exagerando?
Isabel ni siquiera se dignó a responder. Con movimientos deliberadamente lentos, caminó hasta el refrigerador y sacó un trozo de pastel. No había comido lo suficiente en el restaurante con estrella Michelin, y las horas de compras con Paulina le habían abierto el apetito.
La indiferencia calculada de Isabel hizo que la sangre de Sebastián hirviera. Sus nudillos se tornaron blancos mientras apretaba los puños.
-La boda es un asunto privado, ¿por qué tenías que hacer un circo mediático?
Isabel dejó el tenedor sobre el plato con un tintineo deliberado.
-¿De verdad crees que es solo asunto nuestro? -Sus labios se curvaron en una sonrisa irónica-. Si no lo hacía público yo, alguien más lo hubiera hecho. Prefiero tomar la iniciativa.
El “alguien” implícito en sus palabras era demasiado obvio. Sebastián se pasó una mano por el cabello, frustrado.
-No siempre pienses lo peor de Iris.
Isabel soltó una risa seca mientras saboreaba otro bocado de pastel.
-Si es tan buena persona, ¿por qué la mandaron lejos hace dos años?
Capítulo 7
El silencio que siguió fue ensordecedor. La mención de aquellos eventos oscureció el rostro de Sebastián.
-Fuiste demasiado agresiva entonces -Su voz se tornó áspera-. Si Iris no se hubiera ido, ¿de verdad la hubieras metido a la cárcel?
Isabel asintió sin dudarlo, limpiándose los labios con una servilleta.
-Por supuesto.
La repulsión se dibujó en el rostro de Sebastián. “Es por esto“, pensó, “por su tendencia a los escándalos, que ahora está en esta posición con los Galindo“.
Consciente de que aún no podía permitirse una ruptura definitiva, suavizó su tono:
-Mira, Iris solo está enferma. Cuando se recupere, la mandaremos lejos.
La mirada de Isabel fue toda su respuesta.
-Tus padres no te van a dejar salirte con la tuya -continuó él-. Si sigues así, la única que va a sufrir eres tú.
Sebastián conocía demasiado bien los métodos de la familia Galindo. La cancelación de la tarjeta era solo el principio. Su mirada recorrió el apartamento.
-¿Por cuánto tiempo pagaste el alquiler? ¿Cuándo vence el contrato?
Recordaba que Isabel había rentado este lugar al mudarse de la mansión Galindo. Los Apartamentos Petit no eran precisamente baratos, un departamento como este costaba al menos diez mil pesos mensuales.
Isabel dejó el plato en el fregadero con un golpe seco.
-Ya vete.
-Isabel…
La furia de Sebastián fue interrumpida por la vibración de su celular. Al ver el nombre de Iris en la pantalla, no dudó en contestar, sin importarle la presencia de Isabel.
-¿lris? -Su voz se suavizó instantáneamente.
Isabel apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. “¿En serio?“, pensó, “¿está contestando una llamada de ella enfrente de mí?“. La rabia le quemaba la garganta.
Después de dos años manteniendo una fachada de civilidad, las máscaras finalmente caían. Sebastián se puso de pie, su atención completamente enfocada en la llamada.
-No te preocupes, voy para allá.
Tras colgar, le dirigió a Isabel una última mirada cargada de advertencia.
-Piensa bien en lo que te dije. No importa cuánto protestes, en este momento, la salud de Iris es la prioridad para todos.
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03:30
Capitulo 7
Su mensaje era claro: las objeciones de Isabel no significaban nada.
Ignorándolo completamente, Isabel se dirigió al vestíbulo y comenzó a organizar las bolsas de sus compras. Los logos de marcas de lujo brillaban en cada una de ellas.
Sebastián observó las bolsas con perplejidad.
-¿Todavía tienes dinero para ir de compras?
La confusión en su voz era evidente. Sabía que en ocasiones anteriores, cuando Isabel se “portaba mal“, la familia Galindo solía bloquearle las tarjetas por días o semanas. Era su manera de recordarle su lugar: mimada cuando obedecía, nada cuando se rebelaba.
Isabel le lanzó una mirada desafiante, una sonrisa burlona jugando en sus labios.
-¿Desde cuándo necesito tu permiso o el de alguien más para gastar MI dinero?
Sebastián se quedó sin palabras, la frustración visible en cada línea de su rostro. Esta mujer tenía un don especial para sacarlo de quicio.