Capítulo 73
Isabel colgó la llamada y comenzó a meter sus cosas en el bolso con movimientos bruscos, la frustración evidente en cada gesto. El fino cuero italiano protestaba ante el maltrato, pero ella solo se preocupaba por no rayarlo visiblemente.
Marina entró justo cuando Isabel embutía sin ceremonia un montón de documentos.
-Jefa, permítame ayudarle.
Con movimientos ágiles, Marina rescató el bolso de sus manos y comenzó a organizar meticulosamente su contenido. Sus dedos acariciaban el material con reverencia; después de todo, estas piezas de diseñador eran tan delicadas como costosas. Una simple marca podía
arruinar su valor.
Isabel arqueó una ceja, observando la delicadeza con que Marina manipulaba el bolso.
-¿Por qué tanto cuidado?
-Este material es súper delicado. ¿Por qué no usa mejor una bolsa de lona para la próxima? Son más resistentes y no hay que andar con tanto miramiento.
“Al menos así no dolería verla maltratarlo“, pensó Marina, más preocupada que la propia dueña por el estado del costoso accesorio.
Isabel se encogió de hombros.
-Va, cómprame una entonces. Luego te la pago.
La cantidad de cosas que necesitaba cargar hacía que estos bolsos de diseñador resultaran poco prácticos.
Marina parpadeó sorprendida. “¡No puedo creer que lo diga en serio!”
-Ah, por cierto -su rostro se tornó serio-. La señora Ruiz está aquí para verla, y por su cara,
no viene nada contenta.
Isabel frunció el ceño, la tensión instalándose en su mandíbula. “¿Carmen vino hasta acá?”
-¿Solo hay una salida, verdad?
-Las puertas delantera y trasera están conectadas, ya sabe.
La disposición de la oficina hacía imposible un escape discreto. Desde la entrada principal se tenía vista directa a la salida trasera.
Los músculos del rostro de Isabel se tensaron visiblemente.
-Pues ya qué. Déjala pasar.
-Como diga.
Cuando Marina salió, Isabel permaneció inmóvil, calculando mentalmente su estrategia.
Capitulo 73
Necesitaba manejar esto de una vez por todas, o su oficina jamás tendría paz.
Carmen entró como una tormenta. Tal como había advertido Marina, su expresión auguraba problemas.
-Jefa…
Marina miró a Isabel con preocupación.
Un gesto de la mano fue suficiente para que Marina se retirara.
Apenas se cerró la puerta, Carmen avanzó furiosa hacia el escritorio. Su bolso impactó contra la superficie de madera con un golpe seco.
-¡Ándale! ¿Cómo conseguiste esos contratos? Los Galindo también tenemos una reputación que cuidar, ¿te estás rebajando a esto?
La sombra que cruzó el rostro de Isabel habría hecho retroceder a cualquiera.
-¿Así que llegas acusando sin saber nada?
-¿Necesito pruebas? Una muchachita ganando siete millones al año… No me vengas con que todo es por tu talento, que nomás con hablar bonito te dan los proyectos.
La rabia acumulada durante el trayecto había nublado completamente el juicio de Carmen.
Un destello gélido atravesó los ojos de Isabel.
-¿Quién te lo dijo?
-¡Eso qué importa! ¡Dime cómo conseguiste esos proyectos!
El rugido de Carmen resonó en la oficina.
Aunque no necesitaba confirmación, Isabel sabía que había sido Iris. Esa víbora siempre manipulando a todos con su falsa inocencia.
-¿Y a ti qué te importa cómo los conseguí? ¿Qué eres tú mía?
-Yo soy…
-¿Qué? ¿Mi madre? -Una risa seca escapó de sus labios-. ¿Cuándo te he reconocido como tal? Si mal no recuerdo, solo aguanté tres meses en tu casa antes de largarme.
El recuerdo amargo de aquellos días se instaló en su garganta: dos meses postrada en el hospital, y apenas un mes más para descubrir el juego retorcido de los Galindo. No había necesitado más tiempo para decidir marcharse.
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