Capítulo 75
La frase “tiene problemas en la cabeza” golpeó a Carmen como una bofetada. Sus manos
comenzaron a temblar de manera incontrolable.
-¡Esa mujer ya pagó con su vida! ¿No es suficiente castigo?
Isabel entornó los ojos, su voz convertida en puro hielo.
-¡No, no es suficiente!
La frialdad en su mirada hizo que Carmen retrocediera instintivamente. Esta Isabel que tenía enfrente parecía más despiadada que nunca.
-Ella murió para pagar por lo que me arrebató. Pero lo que Iris debe pagar… eso es otra cuenta pendiente.
Carmen se pasó una mano temblorosa por el rostro.
-Si ella no tuvo nada que ver, ¿por qué no puedes aceptar que fue solo un accidente?
La desesperación en su voz era palpable. No soportaba que Isabel siguiera desenterrando ese oscuro episodio con Iris.
Isabel dejó escapar un suspiro cansado.
-¿No quieres cortar lazos conmigo? Perfecto.
El hastío en su rostro era evidente. Estaba harta de revivir el pasado, de lidiar con esta mujer que se empeñaba en fingir ser una madre.
Sin más paciencia, se levantó y tomó su bolso.
-¿A dónde crees que vas? ¡Todavía no terminamos de aclarar las cosas!
-¿Aclarar qué? -Isabel se giró bruscamente-. ¿Con qué derecho me pides explicaciones?
“Si quiere guerra, guerra tendrá“, pensó mientras marcaba el número de Lorenzo.
-Encárgate de la familia Galindo.
-Entendido.
El pánico se reflejó en el rostro de Carmen.
-¿A quién llamaste? ¿De qué estás hablando?
Isabel se limitó a lanzarle una mirada burlona mientras se dirigía a la puerta.
-Marina, acompaña a la señora a la salida. No hace falta ser muy amable.
La furia encendió las mejillas de Carmen. “Esta ingrata… Claro, como no la criamos nosotros, no tiene ni una pizca de respeto“.
Marina entró con una sonrisa afilada.
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Capítulo 75
-¿Qué prefiere, señora Ruiz? ¿Salir por su propio pie o necesita… ayuda?
La mirada asesina de Carmen no intimidó a Marina en lo más mínimo. Las órdenes de Isabel
eran claras.
De camino al hospital, el teléfono de Patricio rompió el tenso silencio.
-¿Fuiste a buscar a Isabel otra vez?
-Sí, y te digo algo: esa niña no es lo que pensábamos.
Carmen apretó el volante con fuerza.
-El año pasado ganó siete millones. Con razón no le importó cuando le corté los recursos. Es más astuta de lo que creíamos.
La voz exasperada de Patricio la interrumpió.
-Escúchame bien: de ahora en adelante, dale lo que pida.
-¿Qué estás diciendo?
La furia nubló momentáneamente su comprensión. ¿Ceder ante Isabel? ¿Después de cómo la había tratado?
-Hace media hora recibí una llamada -la voz de Patricio sonaba tensa-. Dijeron que si no cumplimos sus deseos, podemos ir cerrando la empresa.
-¿Y les creíste?
La incredulidad tiñó su voz. ¿Quién en Puerto San Rafael tendría el poder de amenazarlos así? Además, esa llamada… justo después de su encuentro con Isabel.
-¿Tú crees que yo me tragaría una amenaza así? -Patricio soltó una risa amarga-. Pero en esta media hora, dos socios cruciales cancelaron su colaboración con nosotros.
El impacto de sus palabras dejó a Carmen sin aliento. Dos grandes proyectos perdidos en treinta minutos… Quien fuera que estuviera detrás de Isabel tenía un poder descomunal.
-¿Me estás diciendo que todo esto pasó porque fui a buscarla? ¿Porque no acepté su petición? El silencio de Patricio fue respuesta suficiente.