Capítulo 81
Isabel tamborileó los dedos sobre su escritorio mientras contemplaba su teléfono personal. La constante invasión a su privacidad la estaba asfixiando. Sus nudillos se tornaron blancos al
apretar el borde de la mesa.
“Definitivamente necesito que Marina me consiga un teléfono exclusivo para el trabajo“, pensó mientras una sonrisa sarcástica se dibujaba en sus labios. “Ya es hora de poner límites con
esta gente.”
El timbre estridente de su celular cortó el hilo de sus pensamientos. La pantalla mostró el nombre que menos deseaba ver: Sebastián Bernard. Isabel rodó los ojos, dejando que el aparato sonara dos veces más antes de contestar.
La voz de Sebastián vibraba con una rabia apenas contenida.
-¿Ahora resulta que tienes un estudio? ¿Desde cuándo decidiste ocultarme esto?
Isabel alzó una ceja, el gesto cargado de desprecio que tanto caracterizaba sus interacciones
con él.
-¿Perdón? ¿En qué momento acordamos que tenía que rendirte cuentas de mi vida?
Un silencio tenso se instaló entre ambos. Isabel se preguntó si había sido demasiado condescendiente en el pasado, si su anterior debilidad había alimentado esta sensación de derecho que tenían sobre ella. La simple idea le revolvió el estómago.
La mandíbula de Sebastián se tensó audiblemente del otro lado de la línea.
-¿Qué más estás escondiendo, Isabel?
Una risa seca escapó de sus labios.
-¿Esconder? No me hagas reír. ¿Qué no tienes suficiente con atender a tu adorada Iris? -el veneno goteaba de cada palabra-. Por cierto, ¿cómo van sus tres tipos de cáncer? En vez de estar acosándome, deberías ayudarla a buscar un buen lugar para su descanso eterno.
-¡ISABEL! -el rugido de Sebastián retumbó a través del auricular.
La mención de la muerte era un tema tabú cuando se trataba de Iris, y ella lo sabía perfectamente. Era una maldición deliberada, calculada para herir.
-¿Qué? ¿Por qué gritas? -su tono rebosaba de falsa inocencia.
-Espérame ahí.
La amenaza en su voz era palpable, pero Isabel solo sintió satisfacción cuando la llamada se cortó abruptamente.
-Sí, claro. Que espere sentado, quiero ver qué puede hacer ahora el todopoderoso Sebastián Bernard,
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Capitulo 81
La furia emanaba de Sebastián en oleadas mientras conducía. El humo de su cigarrillo se arremolinaba en la cabina del auto, creando una neblina que reflejaba su estado mental turbulento.
-¿No te parece que esto es una maldita broma?
José Alejandro, en el asiento del copiloto, sintió un escalofrío recorrer su columna. La situación era, efectivamente, una broma cruel del destino. Habían intentado asfixiar económicamente a Isabel, calculando meticulosamente cuándo los inquilinos de Apartamentos Petit pagarían sus rentas, esperando que la presión financiera la obligara a doblegarse.
Pero el tiro les había salido por la culata. No solo los Apartamentos Petit eran de su propiedad, sino que su estudio había generado más de siete millones el año anterior. Sus intentos de cortar sus ingresos ahora parecían patéticos.
-Si me permite decirlo, señor… parece que no conoce realmente a la señorita Allende.
Las palabras de José Alejandro fueron como sal en la herida. Sebastián apretó el volante hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Isabel había sido su prometida durante dos años, y ahora se daba cuenta de que nunca la había conocido realmente.
La rabia nubló su juicio por completo.
-Ocúpate de esto.
-¿Disculpe?
-Cualquiera que se atreva a trabajar con su estudio estará declarándole la guerra a la familia Bernard.
José Alejandro palideció.
-Eso…
-Quiero ver su estudio destruido en una semana.
La orden cortante de Sebastián no dejaba espacio para réplicas.
-Pero señor, el hombre que la respalda… -José Alejandro se detuvo, el miedo evidente en su
VOZ.
Si Isabel tenía un protector poderoso todo este tiempo, enfrentarla sería suicidio empresarial.
Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Sebastián.
-Perfecto. Quiero ver quién es el hombre detrás de ella.
Ya que no habían podido descubrir su identidad por las buenas, lo harían salir de las sombras por las malas.
José Alejandro asintió, comprendiendo la estrategia.
Capitulo
-Como usted ordene, señor.
La noticia del estudio de Isabel, revelada por Camila, había causado un terremoto en la familia Galindo. El descubrimiento de que también era dueña de los Apartamentos Petit solo aumentó la conmoción.
En la habitación del hospital, Carmen caminaba de un lado a otro como león enjaulado, sus tacones marcando un ritmo furioso contra el piso.
-¿Se dan cuenta? ¿Cuántas cosas más nos habrá estado ocultando esa…? -su voz temblaba de indignación.
Patricio y Valerio observaban su ir y venir en silencio. Sebastián había sido convocado urgentemente por Daniela, dejando el ambiente cargado de tensión.
El rostro de Patricio se ensombreció mientras procesaba la información, toda calidez abandonando sus facciones.
Carmen se detuvo abruptamente.
-¿Qué se cree que somos? ¿Sus payasos?