Capítulo 84
Isabel contempló la pantalla de su teléfono con una mezcla de incredulidad y rabia. Sus dedos se crisparon alrededor del dispositivo mientras procesaba lo que acababa de descubrir. El mensaje que había estado investigando provenía de Iris. No de cualquier intermediario, sino directamente de ella.
Un escalofrío le recorrió la espalda mientras las implicaciones tomaban forma en su mente. “¿Qué pretende con esto? ¿Amenazar con hacerlo público si Sebastián no accede a
comprarlo?” Sus pensamientos giraban en espiral, anticipando el siguiente movimiento de su
enemiga.
En la mansión Bernard, la tensión era palpable. Daniela observaba a su hijo con una mirada penetrante, sus labios apretados en una línea de disgusto.
-Está enferma ahora, ¿qué más quieres que haga? -La voz de Sebastián temblaba ligeramente, traicionando su estado emocional.
El rostro de Sebastián se contrajo en una mueca de desagrado evidente. Como siempre, la mención de Iris despertaba en él un instinto protector que rozaba la obsesión. La idea de que alguien, especialmente su familia, pudiera tener prejuicios contra ella le resultaba insoportable.
Daniela notó la defensiva en el tono de su hijo, y esto solo alimentó su irritación. Sus ojos se entrecerraron peligrosamente.
-Tan enferma está y aún así tiene tiempo para andar presumiendo espetó con acidez.
-¡Mamá! -Los puños de Sebastián se cerraron con fuerza mientras se giraba bruscamente hacia ella.
Daniela sostuvo su mirada con una expresión sombría, años de experiencia y sabiduría maternal reflejados en sus ojos.
-El ingenio de Iris no es tan simple como crees, hijo. Deja de idealizarla tanto.
-¿lsabel te metió esas ideas?
-¿Necesito que Isabel me diga algo para darme cuenta de cómo es ella? ¿Estás insinuando que no sé juzgar a las personas? -La indignación en la voz de Daniela era palpable.
Sebastián se quedó sin palabras, su mandíbula tensa delataba su frustración.
-Es precisamente por pasar tanto tiempo con Iris que ya te acostumbraste a culpar a todos los demás -continuó Daniela, cada palabra cargada de preocupación maternal.
-Pero… -La voz de Sebastián se quebró, incapaz de encontrar una respuesta ante las duras verdades que su madre le presentaba.
El silencio se volvió insoportable. Con un movimiento brusco, Sebastián dio media vuelta y salió de la habitación, sus pasos resonando con furia contenida.
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Captulo 84
Daniela observó la salida tempestuosa de su hijo, sus ojos entrecerrados en reflexión.
-¿Así que Isabel realmente tiene otro hombre? -murmuró, más para sí misma que para su asistente.
-Sí, investigué un poco -confirmó el asistente-. El incidente del golpe en la cara del señor ocurrió en los Apartamentos Petit, y lo de la muñeca fue durante un encuentro en el elevador.
La información solo sirvió para avivar la furia de Daniela. Su rostro enrojeció de indignación.
-Si no le gusta Isabel, ¿por qué diablos se mete con su pareja? -La pregunta quedó flotando en el aire, cargada de frustración.
“Isabel con otro hombre…” El pensamiento le daba vueltas en la cabeza, alimentando su enojo. Con movimientos bruscos, tomó su teléfono y marcó el número de Carmen.
Tan pronto como escuchó la voz al otro lado de la línea, Daniela dejó salir toda su frustración.
–
—A ver, Carmen, explícame algo su voz era hiriente-. Isabel es tu hija y no la pudiste educar bien, ¿y ahora me sales con que tampoco pudiste criar bien a una hija adoptiva?
-Señora Daniela, se está pasando -La voz de Carmen temblaba de indignación contenida.
El insulto directo había tocado una fibra sensible en Carmen. Las implicaciones eran claras: según Daniela, ella había fallado como madre, tanto con su hija biológica como con la adoptiva. Si ambas familias terminaban en desgracia, ¿sería ella la culpable?
-¿Me estoy pasando? ¿Acaso dije algo que no sea cierto? -La voz de Daniela se volvió más cortante con cada palabra-. Sebastián e Iris terminaron hace dos años. ¿Qué necesidad hay de que lo sigas buscando por cualquier cosa que tenga que ver con ella?
Carmen sintió una punzada de culpabilidad atravesarla. Era cierto que buscaba a Sebastián, pero solo por Iris…
-Señora Daniela, usted vio crecer a Iris. Está enferma, muy enferma -Su voz se suavizó, buscando apelar a la compasión de la matriarca Bernard.
-Ya lo sé, cáncer de útero -escupió Daniela con desprecio-. ¿Y quién sabe cómo se lo ganó? ¿Le has preguntado cómo vivió en el extranjero?
-¿Qué está insinuando? -La voz de Carmen se transformó en un gruñido amenazante.
-Solo digo que la forma en que contrajo esa enfermedad es sospechosa -Daniela soltó una risa sin humor-. ¿Y esperas que sienta lástima por ella con ese tipo de padecimiento? ¿Perdiste la razón?
La crueldad en las palabras de Daniela era deliberada. Nunca había ocultado su desprecio por Iris, y las súplicas de Carmen solo confirmaban sus sospechas.
-Me tomé la molestia de investigar -continuó implacable-. No solo Iris anda detrás de Sebastián, sino que tú también lo llamas a cada rato por asuntos de ella.
Sus ojos brillaron con malicia antes de dar el golpe final:
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-Señora Galindo, siendo la madre biológica de Isabel, realmente me has abierto los ojos.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Dicen que una madre dificilmente puede sentir verdadero amor por hijos que no son propios. Carmen juraba no poder separarse de la niña que habia criado desde pequeña, y ese apego era comprensible… Pero apoyar a su hija adoptiva en una competencia por un hombre contra su propia hija biológica, esa mentalidad retorcida sobrepasaba todo entendimiento.
-¡La familia Galindo está hecha un desastre! -La voz de Daniela resonó como un latigazo-. ¡No provoquen que la familia Bernard haga que esto se ponga peor!