Capítulo 89
La luz del mediodía se filtraba por los ventanales del restaurante, bañando la mesa donde Esteban y Mathieu compartían un almuerzo que ninguno de los dos parecía disfrutar realmente. El ambiente entre ellos era tenso, cargado con la gravedad de la situación que discutían.
Mathieu se llevó la copa de vino a los labios, tomándose un momento antes de hablar. Sus ojos reflejaban preocupación mientras observaba a su viejo amigo.
-La familia Galindo se puso en contacto conmigo. -Su voz era cautelosa, midiendo cada palabra-. Me pidieron que atendiera a Iris. Hasta me ofrecieron una suma considerable por la
consulta.
Una sombra cruzó el rostro de Esteban. Por supuesto que Mathieu estaba al tanto de toda la situación: Isabel era la hija biológica de los Galindo, un hecho que había sacudido sus vidas dos años atrás. Cualquiera hubiera esperado que el reencuentro con sus padres biológicos trajera paz a sus vidas. Sin embargo…
La realidad había sido muy diferente. Las investigaciones solo habían revelado la verdadera naturaleza de la familia Galindo, cada descubrimiento más despreciable que el anterior. La lógica dictaba que, ante un conflicto entre una hija adoptiva y una biológica, la biológica debería tener prioridad. Pero los Galindo habían demostrado que la sangre significaba poco para ellos.
El hecho de que Isabel no hubiera vivido con ellos en estos dos años era testimonio suficiente. Incluso después de encontrarla, no habían sido capaces de tratarla como la hija que decían haber estado buscando.
Esteban tamborileó los dedos sobre la mesa, un gesto que revelaba su creciente irritación.
-Maneja todo según los deseos de Isa. -Sus nudillos se tornaron blancos al apretar el puño-. Y déjaselo muy claro a la otra parte.
Mathieu frunció el ceño, inclinándose hacia adelante.
-¿Acaso no conoces a tu hermana? Si se los planteamos así, esos tipos van a entrar en pánico. -Hizo una pausa, considerando sus siguientes palabras-. Mejor les digo
directamente que no haré la consulta. Después de todo, lo que Isabel querría sería mucho más severo que mi simple negativa,
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Esteban mientras encendía un cigarrillo, el humo creando una tenue cortina entre ambos.
-Han estado molestando a Isa estos dos años. -Su voz destilaba un odio profundo-. Ya es hora de que aprendan que quien busca problemas, los encuentra.
Mathieu observó a su amigo con una mezcla de asombro y resignación. ¿Quién busca problemas, los encuentra? Viniendo de Esteban, esas palabras tenían un peso particular. En estos dos años en París, nadie había sido más temerario que él. Si Esteban se consideraba el
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segundo más peligroso, nadie se atrevería a reclamar el primer lugar.
-Entendido. -Mathieu asintió, una pequeña sonrisa formándose en sus labios-. ¿Quieren desesperación? Les daremos desesperación.
…
La llamada llegó a Carmen como un golpe devastador. El asistente de Mathieu fue implacablemente claro.
-Que el doctor Lambert acepte hacer la consulta depende enteramente de la señorita Allende.
-¿Qué? -La voz de Carmen se quebró, el teléfono temblando en su mano.
Todo su plan se desmoronaba frente a sus ojos. Había contactado a Mathieu en secreto, evitando deliberadamente a Isabel, convencida de que así tendría una oportunidad. Pero el resultado… el resultado era una pesadilla.
Sus piernas flaquearon, obligándola a apoyarse contra el escritorio. La cercanía entre Mathieu e Isabel era algo que no había anticipado, una variable que destruía todas sus calculaciones.
-¿Por qué tiene que depender de ella? -Su voz se elevó, teñida de histeria-. ¡El doctor Lambert es un médico excepcional! ¡Salva vidas! ¿Desde cuándo necesita la aprobación de alguien más?
El pánico la consumía. Depender de Isabel era equivalente a una sentencia de muerte para Iris. La actitud implacable de Isabel no dejaba espacio para la esperanza.
-Señora Galindo. La voz al otro lado del teléfono era cortante-. Ya he transmitido el mensaje del doctor Lambert. Les sugiero que busquen una manera de llegar a un acuerdo con la
señorita Allende.
El sonido de la llamada terminada resonó en sus oídos como una sentencia final.
Carmen se giró hacia Valerio, su rostro pálido como el papel.
-Mathieu e Isabel también son cercanos. Las palabras salieron como un susurro horrorizado.
Valerio parecía igualmente perturbado, su usual compostura completamente ausente.
-Esta Isabel… —murmuró, pasándose una mano por el rostro-. ¿A cuánta gente conoce?
La pregunta flotó en el aire, cargada de implicaciones. Las conexiones de Isabel no eran con personas comunes; cada nombre era una llave maestra en el mundo que los rodeaba.
Carmen se dejó caer en una silla, sus manos temblando incontrolablemente.
-Llama… llama a Sebas. -Su voz era apenas audible-. Tú llama a Sebastián.
La idea de depender de los caprichos de Isabel la estaba volviendo loca. ¿Quién era Isabel para tener tanto poder sobre ellos? ¿Qué derecho tenía de decidir sobre la vida de Iris?
A pesar de las advertencias de Daniela la noche anterior, Carmen no tenía otra opción.
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Necesitaban a Sebastián.
En ese preciso momento, Sebastián permanecía inmóvil frente al estudio de Isabel, su mano suspendida en el aire, dudando entre tocar o retirarse. El timbre de su teléfono rompió su indecisión.
La voz de Valerio al otro lado de la línea transmitió las noticias que terminarían de sacudir su mundo. La incredulidad se reflejó en sus ojos mientras procesaba la información.
-¿Mathieu realmente tiene esa cercanía con ella? -Su voz traicionaba una mezcla de asombro y algo más… ¿celos?
-Es completamente cierto. -La voz de Valerio sonaba derrotada-. Ya recibimos la noticia aquí. Todo depende de Isabel para ver si Mathieu puede tratar la enfermedad de Iris.
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