Capítulo 95
Isabel escrutó aquellos ojos oscuros, buscando alguna señal, algún indicio que delatara sus pensamientos. Pero la mirada de Esteban era un abismo insondable, y ella sabía que era inútil hacer conjeturas.
Su respiración se volvía más errática con cada segundo que pasaba. El calor de las piernas de Esteban bajo ella la estaba volviendo loca.
-Sí… sí que es impresionante -murmuró, intentando controlar el temblor en su voz.
“¿Cómo no va a serlo si apenas puedo respirar?“, pensó mientras el rubor le teñía las mejillas sin misericordia.
La voz grave de Esteban le acarició el oído, enviando escalofríos por su columna.
-¿Te has puesto algo en los labios?
-No.
“¿Y qué le voy a decir al de la farmacia? ¿Que alguien me besó hasta dejarme así?“, pensó Isabel, mordiéndose el labio inferior. “Ni siquiera sé qué tipo de crema debería usar“.
Isabel se agitó nerviosa, consciente de cada punto donde sus cuerpos se tocaban.
-Oye… ¿me dejas sentarme normal?
“Si de verdad solo me ve como su hermana, tenemos que poner límites“, reflexionó con amargura. “¿Qué va a pasar cuando encuentre a alguien? Eso sería…” El solo pensamiento de Esteban con otra mujer le revolvió el estómago.
-¿Hmm? -el tono de Esteban era juguetón, sus ojos brillando con diversión mientras observaba el debate interno reflejado en el rostro de Isabel.
-Es que… esto no está bien -Isabel jugueteó nerviosamente con el borde de su blusa-. Si la persona que te gusta se entera de cómo nos llevamos, va a ser un problema.
-¿Por qué sería un problema?
Isabel alzó la vista, exasperada.
“¿De verdad no lo entiende o se está haciendo?”
-¿No te das cuenta de que ya no soy una niña? Debería haber cierta distancia entre un hombre y una mujer.
-¿Acaso soy tu papá? -la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa enigmática.
Isabel se quedó sin palabras. No, ese no era el punto. ¿Por qué Esteban siempre desviaba la conversación así?
-No se trata de si eres mi padre o no -frustrada, se pasó una mano por el cabello-. Tú mismo me enseñaste que al crecer hay que mantener distancia con personas del sexo opuesto, a
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Capitulo 95
menos que sean tu pareja.
La sonrisa en los ojos de Esteban se intensificó.
-¿Entonces mi pequeña Isa siempre sigue mis consejos?
-Siempre asintió ella repetidamente, como un pajarito picoteando semillas.
Esteban le revolvió el cabello con ternura antes de que su expresión se tornara seria.
-Los Galindo contactaron al asistente de Mathieu. Quieren que atienda a Iris. ¿Qué opinas?
-¡Ni de chiste! -la respuesta de Isabel fue instantánea y vehemente.
“Se brincaron mi autoridad para llamar a Mathieu“, pensó con indignación. “Y si acepta atenderla, van a salir con que ‘no tengo corazón‘ o que ‘no puedo interponerme en el deber de un médico““.
Sus ojos buscaron los de Esteban con un destello de duda.
-¿Crees que soy mala persona?
-Nunca esperé que fueras una santa.
Isabel soltó una risita amarga. Era cierto. En todos estos años, ni Esteban ni Vanesa le habían enseñado a ser dócil o complaciente. Especialmente después del secuestro cuando tenía trece años. Su única lección había sido clara: si tu vida está en peligro, elimina la amenaza primero.
-Entonces no voy a hacerme la buena samaritana -murmuró con determinación.
La mirada de Esteban se suavizó al verla tan resuelta a no dejarse manipular.
El resto del viaje transcurrió en silencio, Isabel aún en el regazo de Esteban hasta que llegaron a Chalet Eco del Bosque.
Al detenerse el auto, Esteban la levantó en brazos como solía hacer cuando era pequeña, cada vez que salían o regresaban a casa.
-¡Ay, no! Puedo caminar sola -protestó ella, retorciéndose para liberarse.
Su cuerpo se contorsionaba como un listón de seda. Esteban le dio un pellizco juguetón en el costado.
-No te muevas tanto, pórtate bien,