La Heredera 96

La Heredera 96

Capítulo 96 

Lorenzo bajó del auto después de Esteban, y el alivio le recorrió el cuerpo al escuchar el tono suavizado de su jefe. Si no hubieran encontrado a Isabel, Lorenzo temía que el señor realmente hubiera perdido la cabeza. Por fortuna, ahí estaba ella, a salvo

Una vez dentro de la casa, Esteban finalmente liberó a Isabel de sus brazos

-¿No piensas ir al estudio esta tarde, verdad? -el tono de Esteban era más una afirmación que una pregunta

Isabel frunció los labios, la frustración evidente en su rostro

-Me gustaría ir -murmuró, sabiendo de antemano la respuesta

Si ya está de regreso, ni de chiste me va a dejar trabajar“, pensó. Primero no me lleva y ahora viene a preguntarme como si tuviera opción, ¡ash!” 

Esteban observó su expresión malhumorada y le acarició la frente con ternura

-Ve a descansar un rato. Lorenzo y yo nos encargamos del estudio

-Mmmel rostro de Isabel se iluminó y subió corriendo las escaleras con la agilidad de una gacela

Los ojos de Esteban siguieron su figura con una mezcla de diversión y afecto antes de dirigirse 

al estudio con Lorenzo

-No la veía desde hace años 

comentó Lorenzo, su mirada perdida en los recuerdos-. La 

señorita se ha vuelto mucho más fuerte

El recuerdo de aquella niña destrozada después del secuestro aún lo perseguía: sus lágrimas, sus gritos desgarradores en medio de la noche

-Sí, se ha vuelto mucho más fuerte -la voz de Esteban destilaba orgullo

-Y su corazónparece que ya no es tan blando como antes

Lorenzo lo dijo sin malicia. Después de tantos años al servicio de los Allende y los Blanchet, sabía que la bondad excesiva era vista como una debilidad imperdonable en ambas familias

Esteban encendió un cigarrillo con movimientos pausados. El humo azulado danzó frente a su rostro mientras consideraba las palabras de Lorenzo

-No me importa qué tipo de persona se vuelva, mientras pueda protegerse

Sus pensamientos se dirigieron a la situación con Iris. Muchos llamarían a Isabel cruel y despiadada, pero para Esteban, su pequeña había actuado exactamente como debía. Si hubiera intervenido para salvar a Irisbueno, entonces sí que la víbora no habría tenido escapatoria de las manos de Esteban

Lorenzo parpadeó sorprendido, pero tras reflexionarlo asintió

Capítulo 96 

-Tiene razón

Esteban siempre la consintió demasiado, reflexionó Lorenzo. En París, constantemente esperaba que desarrollara un carácter más dominante, que inspirara temor para que nadie se atreviera a lastimarla

Pero ese tipo de dureza no se puede enseñar. La naturaleza de Isabel era pura, inocente, protegida del mundo bajo el ala de Esteban. Sin embargo, después de su huida el reencuentro años después, Esteban notaba destellos de frialdad en su mirada

Esa dureza había nacido con la traición de los Méndez, y se había cristalizado con las manipulaciones de los Galindo y la traición de Sebastián. Habían erosionado por completo su inocencia natural. Para Esteban, era un cambio necesario

-¿Qué hay de las investigaciones? -la voz de Esteban rasgó el silencio como un latigazo

Lorenzo se irguió, adoptando una postura más formal

-Concluyeron, señor. No tiene nada que ver con Ander

-¿Oh

-Por el contrario, parece que la familia Díaz está involucrada

Un brillo pétreo cruzó la mirada de Lorenzo al mencionar ese nombre

Esteban entrecerró los ojos, el ambiente del cuarto pareció volverse tenso

-¿La familia Díaz

-Sí, señor

El aire alrededor de Esteban se volvió denso y amenazador, como el preludio a una tormenta

-Mantén vigilado a Jorge Díaz

-Como ordene

Lorenzo vaciló un momento antes de atreverse a preguntar

-¿Y sobre la familia Galindo y Sebastián? ¿De verdad no piensa intervenir por la señorita

Una sonrisa enigmática curvó los labios de Esteban

-Por ahora, los Galindo necesitan a Mathieu y Andrea. Dependen de su aprobacióndeja que Isabel se divierta un poco

Lorenzo contuvo una sonrisa. ¿Divertirse?. Ese deja que se diviertarevelaba todo el consentimiento de Esteban hacia Isabel. Aunque, pensándolo bien, antes de su llegada a Puerto San Rafael, esos insectos no podían tocar ni un pelo de la señorita. Y ahora, bajo la mirada vigilante del señor, ¿quién se atrevería a lastimarla

Con esa certeza en mente, Lorenzo guardó silencio. Algunos depredadores prefieren jugar con su presa antes de dar el golpe final

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