Capítulo 16
Luciana no se sintió triste. Era lógico que Alejandro estuviera con su novia. Sin embargo, si Alejandro estaba con Mónica y le había colgado, eso quería decir que no se haría cargo de ella. Por lo que, al parecer, tendría que arreglarselas sola.
Sin pensarlo dos veces, Luciana se levantó y salió del restaurante. Sin embargo, al cruzar las puertas del local, se dio cuenta de que estaba completamente desorientada.
Era la primera vez que iba a Sierra de los Vientos, y en el trayecto había estado tan absorta que no se había dado cuenta de lo remoto que era aquel lugar. No había paradas de autobús cercanas, ni metro, y la mayoría de las personas que iban hasta allí lo hacían en su propio auto. Por lo tanto, no había ni el más mínimo rastro de taxis.
Sin saber qué más hacer, sacó su teléfono para pedir un coche por una aplicación, pero el lugar era tan apartado que nadie le aceptaba la solicitud.
-No queda otra que caminar -murmuró y, sin más opciones, Luciana comenzó a caminar con la esperanza de llegar a una carretera principal donde pudiera encontrar un coche.
Sin embargo, al alejarse del restaurante, la iluminación en la zona se volvió escasa. Además, con la lluvia de los últimos días, el camino estaba en muy mal estado, por lo que mientras caminaba a oscuras, de repente, su pie se detuvo en seco.
-¿Qué pasó? -preguntó en voz alta, frunciendo el ceño, y, acto seguido, se agachó para inspeccionar qué había pasado, percatándose de que había quedado atrapada en un charco de lodo.
Con un fuerte tirón logró sacar el pie, pero su zapato se quedó atorado, y estuvo a punto de llorar por la frustración. ¡No podía tener tanta mala suerte! 2
Sin nada más que hacer, decidió seguir caminando descalza. Pero cuando estaba a punto de llegar a la carretera principal, sintió un dolor agudo en la planta del pie.
-¡Ah! -gritó de dolor.
Aunque la visibilidad era baja, por su experiencia como interna pudo deducir que se trataba de un trozo de vidrio que se había incrustado en la carne de su pie.
Con determinación, sacó el vidrio, y, al hacerlo, su mano se manchó de sangre al instante.
En el hospital, dentro de la habitación.
Alejandro se enteró de la situación de Mónica; su fiebre baja se debía a que se había resfriado.
1/5
+25 BONUS
Capítulo 16
-Alejandro, siento mucho haberte molestado por algo tan pequeño -se disculpó Mónica, con el rostro pálido. Es mi culpa. -Frunció el ceño, visiblemente incómoda-. ¿Te hice perder tiempo de trabajo?
Las reuniones de negocios generalmente se llevaban a cabo por la noche, y, de no haber sido por ese imprevisto, Alejandro habría estado en ese momento en una de ellas, acompañando a Alberto. Sin embargo, no podía decirle aquello. Después de todo, ella era su mujer; su responsabilidad.
-No digas eso -repuso Alejandro, dándole unas palmaditas en la mano, intentando tranquilizarla—. Este tipo de cosas, deberías hacérmelas saber de inmediato. Siempre será así; para mí, tú eres más importante que cualquier reunión: 1
-Entonces me lo tomaré en serio. -Mónica sonrió a través de las lágrimas y le apretó la mano –. Y, si en algún momento te extraño, ¿puedo buscarte?
Alejandro nunca había pensado en eso, pero, al reflexionar, se dio cuenta de que ella era la mujer con la que había prometido casarse, por lo que era lo que debía hacer, así que asintió.
-Claro que sí.
-¿A cualquier hora?
-Sí. -Alejandro asintió de nuevo-. A cualquier hora.
-Alejandro, eres tan bueno conmigo -dijo Mónica, con las mejillas sonrojadas, lo miró profundamente.
-Duerme -repuso Alejandro, dándole unas nuevas palmaditas en el dorso de la mano-. Me iré cuando te hayas dormido.
-Está bien.
Mónica cerró los ojos y, poco después, se quedó dormida. Tras lo cual, Alejandro se levantó y salió de la habitación.
En el momento en que la puerta se cerró, Mónica abrió los ojos, sacó su teléfono y marcó un número.
-Hija, ¿cómo va todo?
-Mamá, él vino a verme. Ya te lo dije, él se preocupa por mí, no hacía falta que fingiera estar enferma. 1
-¿Qué sabes tú? Ahora él tiene esposa, y, aunque no la quiera, sigue siendo su esposa. encontrar formas de mantenerlo pensando en ti, de que no te olvide.
Debes
2/5
Capítulo 16
+25 BONUS
El rostro de Mónica se tensó, mordió su labio y respondió con determinación:
-Lo sé, mamá.
-No puedes seguir así, tienes que encontrar la manera de enfrentarte a su esposa – añadió Clara, su madre, con amargura-. ¡Nadie mejor que otra mujer para lidiar con una descarada!
Al salir de la habitación, Alejandro recibió una llamada de su abuelo, la cual atendió de inmediato.
-Abuelo.
-¿Cómo va todo? Escuché del secretario de Alberto que Luci hizo un gran trabajo. Bueno, no te pregunto a ti, mejor pásame a Luci para que me cuente ella misma.
Alejandro se quedó helado.
¡Luciana! ¡La había dejado en el restaurante!
-Abuelo, estamos en el coche, ella se quedó dormida. En cuanto lleguemos, haré que te llame -respondió a toda velocidad, tras lo cual cortó la llamada apresuradamente y marcó el número de Luciana. 2
Sin embargo, una fría voz mecánica le informó que el teléfono estaba apagado, por lo
tal vez, se había quedado sin batería.
dedujo que,
Sin pensarlo dos veces, Alejandro marcó otro número.
que
-Sergio, Luciana todavía está en el restaurante en Sierra de los Vientos. Contacta a alguien en la finca para que la lleven de vuelta. Además, el abuelo está preocupado por ella, dile que le devuelva la llamada.
-Entendido, primo.
Después de toda la agitación, Alejandro se sentía agotado, por lo que decidió regresar a su villa para descansar.
En el camino, recibió una llamada de Sergio.
-Primo, los de la finca no encontraron a Luciana -dijo Sergio, dubitativo.
-¿No la encontraron? -preguntó Alejandro espabilándose de golpe-. ¿A dónde se fue?
-Aún no lo sabemos. Los meseros del restaurante dicen que se fue hace rato.
Alejandro se frotó la frente con cansancio.
3/5
Capitulo 16
+25 BONUS
–Primo–continuó Sergio, esa zona es bastante desolada. Voy a ir a buscar por el camino, es muy tarde y una chica sola no está segura.
-De acuerdo, ve.
Tras decir esto, Alejandro colgó el teléfono con frustración, pero las palabras de Sergio aún resonaban en su cabeza:
-Es muy tarde y una chica sola…
Pensando en esto, Alejandro volvió a tomar el teléfono.
-Sergio, ¿dónde vive?
-En la residencia estudiantil de la Universidad de Ciudad Muonio -respondió Sergio-. Te enviaré la ubicación exacta del edificio.
-Perfecto.
Alejandro colgó y giró el volante, dirigiéndose directamente a la UCM.
***
En la entrada de la UCM.
Luciana bajó de un Maserati plateado, agradeciendo repetidamente.
-Gracias por traerme de vuelta, de verdad, perdóneme por la molestia.
-No hay problema, iba de paso.
El hombre de mediana edad detrás del volante sonrió amablemente y, al notar su pie herido, preguntó:
-¿Necesitas que te lleve al hospital?
-No, no, muchas gracias. -Luciana sonrió amablemente. Es solo una herida menor, no es nada grave.
Después de todo, él era un desconocido que la había encontrado herida y la había llevado de regreso. No quería incomodarlo más.
-Está bien–asintió el hombre y, sin insistir se despidió, arrancando el coche-. Cuídese.
Luciana se dio la vuelta y comenzó a caminar cojeando. Sin embargo, apenas había dado unos pocos pasos cuando una sombra apareció frente a ella.
4/5
+25 BONUS
Capitulo 16
Luciana levantó la vista y vio a Alejandro, mirándola fijamente, con el rostro frío
-¿Cuánto tiempo ha pasado? Veo que te las arreglas bastante bien.
«¿De qué está hablando?», se preguntó Luciana, sin entender nada.
En ese momento, Alejandro sintió que su preocupación era ridícula, y sus palabras fueron mordaces.
—Maserati… Jamás lo hubiera imaginado, Luciana, tienes tus habilidades, ¿eh?
«¿Qué?»
Luciana se quedó helada por un momento, antes de comprender. 2
-¿Piensas que estoy seduciendo a algún hombre rico?
La última vez en Serenity Haven, él ya le había dicho algo similar.
-No lo niegues. —Alejandro la miró de reojo, con una sonrisa fría-. Lo vi con mis propios ojos.
-¿Qué viste? -preguntó, sintiendo como una inusual rabia se apoderaba de ella. No podía creer lo irracional que era ese hombre-. ¡Te juro que estás ciego! -exclamó y lo empujó con fuerza. ¡Quítate de mi camino!
-¿A quién llamas ciego? -inquirió Alejandro, lleno de ira, sujetándola por la muñeca.