Capítulo 186
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-Vaya, vaya… —murmuró, sacudiendo la cabeza con una sonrisa irónica y haciéndole señas a Sergio-. Abre las ventanas, por favor. Este lugar huele a cenicero.
Al echar un vistazo a la mesita, vio el cenicero desbordante de colillas. Claramente, Alejandro había estado fumando sin parar.
Miró a su amigo, expresando toda su desaprobación.
-¿Qué pasa contigo? ¿Ya no te importa tu salud? La señora solo está temporalmente fuera de contacto, y tú pareces actuar como si fuera el fin del mundo.
Alejandro no respondió; lanzó una bocanada de humo, recostándose en la silla con un aire derrotado. Salvador no solía verlo así.
Entendiendo que la situación era grave, Salvador adoptó un tono más serio y se sentó a su lado.
—¿Qué le hiciste, Alejandro? Sergio mencionó que ella estaba enferma cuando desapareció.
Alejandro cerró los ojos un instante y aspiró el cigarro con fuerza, sintiéndose consumido por la culpa.
-Soy un imbécil, Salvador.
Sorprendido, Salvador lo miró con las cejas levantadas.
-¿Qué, acaso le hiciste daño físico?
Alejandro no contestó. Aunque técnicamente no era eso, lo que había hecho con Luciana no había sido muy distinto a usar la fuerza.
-No puedo creerlo… -dijo Salvador, sacudiendo la cabeza con desilusión-. No importa qué haya pasado, Alejandro, jamás es aceptable hacerle daño a una mujer.
-Lo sé —dijo Alejandro con voz apagada, su rostro reflejando el arrepentimiento más profundo. Me lo merezco.
Salvador, viendo a su amigo tan devastado, decidió que era mejor no reprocharle más. Puso una mano sobre su hombro y dijo con calma:
-Tranquilo, hermano, la encontraremos pronto.
Sin embargo, no lograban encontrar a Luciana. Habían buscado en cada rincón donde podría
estar.
La vida de Luciana giraba en torno a muy pocos lugares: la universidad, el hospital anexo a UCM, y su único familiar directo era su hermano Pedro, que estaba internado en el sanatorio.
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Capitulo 186
En realidad, Alejandro era ahora su persona más cercana…
Luego estaban sus amigos. Sergio ya había buscado con Vicente y Martina, pero tampoco había rastro de ella.
Tal vez, Luciana había imaginado que Alejandro buscaría en esos lugares, y por eso decidió
evitarlos.
Entonces, ¿a dónde podría haberse ido?
Alejandro, cada vez más desesperado, sentía su preocupación transformarse en una frialdad escalofriante.
La puerta se abrió desde afuera.
Era Sergio.
-Alex…
Sergio dudó, notando la mirada expectante de Alejandro, y se sintió algo incómodo.
-La señorita Soler ha llegado.
Antes de que pudiera terminar, Mónica entró con una bolsa de medicamentos en la mano.
-Alex–saludó, aunque al ver la expresión de Alejandro, su sonrisa se desvaneció un poco-. ¿ Ocurre algo? ¿Llego en mal momento?
Alejandro no respondió de inmediato; le echó una mirada rápida.
-¿Viniste al hospital porque no te sientes bien?
-No, no es eso —dijo Mónica, acomodándose el cabello-. Solo vine por un poco de ácido fólico y pensé en pasar a verte…
-¡Alex!
Juan irrumpió en la habitación, visiblemente agitado.
-Salvador tiene noticias de Luciana.
-¿Qué sabes? -Alejandro dio un paso adelante, ignorando por completo a Mónica.
-¿La encontraron? ¿Dónde está? ¡Habla!
-Aún no…
Juan se rascó la cabeza, sacando su celular y extendiéndoselo a Alejandro.
-Salvador revisó las cámaras de seguridad y encontró esto, pero no está seguro. Míralo, a ver
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Capítulo 186
si reconoces si es ella.
– Dámelo.
Alejandro cogió el celular con impaciencia y reprodujo el video.
En el video, una figura femenina estaba parada en un cruce peatonal, los brazos cruzados, esperando a que cambiara la luz para cruzar la calle. A su alrededor había muchas personas.
Era Luciana. Aunque distraída, notó que alguien se acercaba furtivamente.
Entonces, en un rápido movimiento, el ladrón abrió su bolso y le sustrajo el teléfono y su
billetera.
Pero Luciana reaccionó rápido: giró de golpe, sujetando al ladrón por el brazo y, con la boca abierta, lanzó un grito.
El video no tenía sonido, pero era fácil imaginar lo que estaba diciendo: “¡Al ladrón!“.
El ladrón se zafó rápidamente de ella y echó a correr.
Sin dudarlo, Luciana salió corriendo detrás de él, desapareciendo del alcance de la cámara. ↑
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