Capítulo 216
Fernando guardó silencio. Su padre también intervino:
-Hijo, solo es una reunión. No te estamos pidiendo que hagas nada más. Piensa en la relación que hay entre ambas familias.
Fernando suspiró, resignado.
-¿Solo una reunión?
Diego soltó una risa breve.
-Claro, ¿qué más vamos a pedirte? Ni que pudiéramos obligarte a nada.
Fernando dudó un momento, pero al final asintió.
Está bien. Acepto, pero quiero dejar claro que solo es una reunión y no quiero que esperen más de esto.
-Sí, hijo. Entendemos -Victoria sonrió con alivio-. Gracias por hacer esto.
La cita se acordó para la noche siguiente, que era sábado, y consistiría en asistir juntos a una obra de teatro a las ocho en punto.
***
En la noche del sábado, Alejandro recogió a Mónica para asistir al teatro Muonio, donde se presentaba una obra de renombre y muy solicitada. La verdad, el teatro no le apasionaba mucho, pero estaba allí por ella. El lugar estaba abarrotado, como era de esperarse en fin de
semana.
Mientras avanzaban entre la multitud, alguien chocó contra Mónica, haciéndola tambalearse. Alejandro, rápido, la sostuvo con firmeza.
-¿Estás bien? —preguntó con un leve fruncir de ceño.
-Sí, sí, estoy bien -respondió ella, acomodándose el cabello con nerviosismo.
Alejandro bajó la vista y notó que llevaba puestos unos tacones plateados altos. Frunciendo el ceño, comentó:
-No es que quiera imponer en lo que usas, pero estás de más de tres meses de embarazo, Mónica. ¿Crees que los tacones son seguros?
Mónica se tensó un instante, visiblemente incómoda.
-Sí, tienes razón… fue un descuido. No volverá a pasar -respondió con una sonrisa forzada.
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Capitulo 216
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Alejandro dudó un momento y luego le ofreció el brazo.
-Anda, agárrate de mí. Es mejor que tengas cuidado.
-Gracias, Alex–murmuró Mónica, sonriendo mientras lo tomaba del brazo, sintiéndose afortunada, aunque también algo inquieta. La mentira del “embarazo” estaba a punto de descubrirse y necesitaba pensar en cómo manejarlo antes de que se le escapara de las manos.
Al llegar al área de asientos VIP, donde el flujo de personas era menor, el personal los atendió de inmediato y los acompañó a sus lugares. Cuando Alejandro iba a sentarse, de pronto se detuvo en seco. Frente a él, a unos pocos metros, vio a Fernando, en compañía de una mujer desconocida para él. Estaban en una fila cercana, separados solo por un pasillo.
Alejandro entornó los ojos. ¿Fernando Domínguez? ¿Con otra mujer en una cita? Su mente, llena de desdén, lo catalogó rápidamente como otro “patán” más.
-¿Alex? -llamó Mónica, al notar que él no se sentaba-. ¿Pasa algo?
-No, nada contestó, tomando asiento, pero sin apartar la vista de Fernando.
Desde su lugar, Alejandro observó cómo Fernando abría una botella de agua y se la ofrecía a la mujer, quien lo miraba con una sonrisa de admiración en los ojos. Alejandro apretó los puños, el crujido de sus nudillos resonando en su cabeza. Sintió el impulso de confrontarlo ahí mismo, el deseo de hacer algo inmediato y directo.
Se inclinó hacia Mónica y le susurró al oído:
-Necesito salir un momento. Tengo algo que atender. Tú quédate y disfruta del inicio de la obra. Regreso en un momento.
Sin esperar respuesta, Alejandro se levantó, decidido a tomar cartas en el asunto.
-¡Alex! -Mónica lo sujetó del brazo con fuerza, mirándolo con una mezcla de temor y esperanza-. ¿Vas a regresar, verdad?
Alejandro se quedó un instante en silencio, luego esbozó una leve sonrisa.
-Claro -respondió con calma.
-Está bien–murmuró Mónica, soltándolo con cierta resignación-. Te espero.
Alejandro asintió y salió rápidamente del teatro. Apenas estuvo afuera, sacó su teléfono y marcó el número de Fernando.
-Señor Domínguez, soy Alejandro. Salga ahora mismo. Inmediatamente.