Capítulo 321
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Acto seguido, guardó silencio. Alejandro esperó unos segundos, hasta que alcanzó a oír el suave rumor de su respiración.
«¿Está molesta…?», pensó. ¿O de verdad se había quedado dormida con esa rapidez?
Él había pasado la noche en vela, con el ánimo un tanto sombrío. Al acercarse a la cama, Alejandro intentó disimular su impaciencia:
-Venga, levántate y come algo antes de seguir durmiendo.
-¿Hmm? -Luciana abrió los ojos, sorprendida. ¿Todavía estás aquí? Te dije hace un momento que no quiero comer, quiero dormir.
¿Quién podría entender el dolor de espalda y el cansancio que se sentía tras pasar toda la noche en un coche? Y encima, estando embarazada.
Ella estaba molesta, o al menos eso interpretó Alejandro. Conocía la forma de enojarse de Luciana: rara vez explotaba en gritos, pero su actitud mostraba un descontento silencioso.
¿Por qué estaría molesta? Pensó que se debía a que la víspera ella le había pedido que no se fuera, pero él se marchó de todos modos.
Alejandro no creía haber obrado mal, pues tenía sus motivos. Sin embargo, reconocía que dejarla sola no estaba bien.
Con la voz contenida, repitió:
-Insisto: come algo, o tu estómago se resentirá.
Dicho esto, apartó la cobija y la ayudó a incorporarse, tomándola de la mano.
Luciana se sentó, con su larga cabellera desparramada en cascada a su espalda. Su ceño denotaba impaciencia:
-Te dije que no quiero comer…
-¡Luciana Herrera! -Alejandro al fin perdió la calma-. Ayer salí, es cierto, pero no te engañé sobre ello. ¿Vas a negarte a comer solo para reprochármelo?
La cara de Luciana reflejó sorpresa. ¿En serio él pensaba que hacía un berrinche?
-Te equivocas. No estoy enojada; en todo caso, un poquito incómoda.
-¿Y cuál es esa incomodidad?
Alejandro frunció el ceño, con gesto perplejo:
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—No pasé la noche fuera de casa. Estuve en el estudio.
-¿Cómo?
Luciana, que había permanecido relativamente serena, cambió de semblante en un instante:
-¿Regresaste? ¿A qué hora?
-No sé el momento exacto, tal vez a la una o dos de la madrugada.
La joven soltó un bufido de ironía, con una mueca que hablaba por sí sola:
-¿Y no se te ocurrió avisarme?
Se sentía como una tonta. Había pasado la noche entera rondando por la ciudad, preocupada de que Miguel no descubriera su ausencia, mientras Alejandro dormía en casa como si nada.
-Estabas dormida. No quise despertarte -replicó él, sincero.
<<¿Dormida? ¡Ni siquiera cerré los ojos!», pensó Luciana. De pronto, se sintió exhausta, dejó caer el cuerpo de nuevo sobre la cama y se cubrió:
-No comeré. Ve tú si quieres. Yo necesito dormir… ¡Ah!
No terminó la frase porque Alejandro la había tomado en brazos, sacándola de las sábanas con
firmeza.
-¿Qué haces? -soltó Luciana, abrazándose a él, roja de vergüenza—. ¡Bájame!
–
-Te llevaré a comer–contestó Alejandro, sin soltarla—. Si te hablo con calma, no me haces
caso.
Ya en el comedor, Luciana tenía un dolor de cabeza fuerte. Amy había dispuesto la mesa, con comida abundante y variada. Pero ella no sentía el menor apetito.
Alejandro, por su parte, revisaba mensajes en el celular mientras tomaba un sorbo de café, absorto en sus pendientes.
Luciana se acercó a Amy, hablando muy bajito:
-Amy, lo lamento, pero de verdad no puedo comer ahora. Prefiero acostarme un rato y luego comeré, ¿está bien?
-Claro, no te preocupes -respondió Amy con empatía.
Luciana se levantó para irse, sin hacer ruido. Pero entonces…
-¡Siéntate! -exclamó Alejandro, dejando su móvil. Sus ojos la observaban con severidad—. A
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Capítulo 321
ver si lo entiendes de una vez: siéntate y come.
En ese instante, Luciana sintió una chispa de enojo. Volvió a la silla y miró con hostilidad a ese hombre tan empeñado en obligarla:
-¿Quieres que coma, verdad? ¡Pues muy bien!
Había algo en su actitud que clamaba: “¿De veras debo probar un bocado para salvar tu orgullo de macho?”
Tomó con ambas manos un tazón de sopa y, sin molestarse en usar cuchara, alzó el cuenco y empezó a beber a grandes tragos. Inevitablemente, se ahogó con el caldo.
-¡Cof, cof, cof!
-¡Dios mío! -exclamó Amy, alarmada.
Alejandro, también anticipándolo, le quitó el cuenco de las manos:
-¡Con cuidado! ¿Por qué tan de prisa…? 3
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