Capítulo 363
-¿Sí?-respondió él, esperando que continuara.
-No… nada. Que seas muy feliz. La voz se le quebró. Se dio la vuelta y se marchó con pasos apresurados. Había preguntas que no se atrevía a formular, por miedo a no tener un nuevo pretexto para volver a verlo.
Alejandro la contempló hasta que desapareció de su vista. Luego regresó al comedor, donde encontró a Luciana devorando una pequeña codorniz asada.
La sola imagen le aclaró el semblante, como si borrara de un plumazo cualquier malestar.
-¿No ibas a esperar la pasta? -se burló con un dejo de ternura-. ¿Por qué comienzas con la codorniz?
-Puedo comer ambas cosas–contestó ella, quitándole carne al ave-. Tranquilo, que esta codorniz es tan pequeña que me cabe un plato más sin problema.
Alejandro se sentó a su lado y le dio una palmadita cariñosa en la cabeza:
-Qué linda. Sigue disfrutando, entonces.
Después de que terminaran de desayunar, ella y Alejandro se dirigieron sin prisa al salón donde la esperaban para prepararla como novia. El maquillista, el diseñador de vestuario, el joyero… todos la aguardaban desde temprano.
Entre las personas presentes se encontraba, por primera vez, la diseñadora de joyas, que traía consigo los anillos y accesorios para la boda. Con sumo cuidado, le mostró a Luciana las piezas:
Tres anillos de matrimonio: dos para ella (uno pensado especialmente para la ceremonia y otro más sencillo para uso diario) y otro de corte masculino.
Siete juegos de joyería distintos, con diamantes y gemas de varios colores, incluyendo collares, aretes, pulseras y anillos, listos para combinar con diversos vestidos y ocasiones.
Era evidente la dedicación puesta en cada una de las piezas: diseños de autor, esmero absoluto y ningún detalle al azar.
Señora Guzmán, aunque el tiempo fue muy corto, nos esforzamos para que no faltara nada -explicó la diseñadora, sosteniendo los estuches con cierto nerviosismo-. Trabajamos día y noche para terminarlo todo sin retrasar la boda. ¿Le agradan?
Luciana sonrió con cortesía.
-Gracias por su trabajo. Son muy hermosas.
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+25 BONOS
Aun así, al ver que Luciana mantenía un aire mesurado, la diseñadora sintió un ligero temor. ¿ Acaso a la señora Guzmán no le convencían? Notando la duda, Alejandro tomó la mano de Luciana y se inclinó hacia ella.
-¿No te gustan? -le preguntó en voz baja, buscando su mirada.
-¿Cómo crees? -respondió Luciana con una pequeña sonrisa. Me encantan.
La diseñadora suspiró aliviada, temiendo haberse enfrentado a una clienta insatisfecha.
-Entonces, por favor, ¿puede probárselas? -sugirió.
El encargado del vestuario dio un paso adelante:
—Señora Guzmán, tenemos el vestidor listo por aquí. ¿Me acompaña?
-Claro aceptó Luciana, avanzando con él hacia la parte interior del salón.
Unos diez minutos después…
-Señor Guzmán, la señora Luciana está lista.
Alejandro elevó la mirada. Era la primera vez que veía el vestido de novia completamente terminado en el cuerpo de Luciana. Y la impresión fue deslumbrante.
Algunas personas lucen más bellas gracias al vestido, otras hacen que el vestido luzca aún más. Luciana, en cambio, parecía crear una armonía perfecta con su atuendo. El sol, que se filtraba por el ventanal, acentuaba la esbeltez de su figura; la cintura alta del diseño disimulaba de tal forma su embarazo que apenas se notaba. El escote, ligeramente descubierto, resaltaba su cuello estilizado. Al mirarla, uno podría imaginar a un cisne bañándose en la suave claridad del amanecer: cada ángulo de su silueta resultaba irrealmente hermoso.
Con un nudo en la garganta, Alejandro se acercó. Su nuez de Adán se movió casi imperceptiblemente. 1
-Estás preciosa -logró decir, con voz algo ronca.
A un costado, el joyero se acercó con una bandeja. Alejandro tomó un fino collar y, con delicadeza, se lo colocó. Ambos se observaron en el espejo.
-Hermosa… -repitió él, inclinándose hacia su oído. Y me refiero a ti, no a la joya.
Luciana esbozó una leve sonrisa.
-Gracias.
Su expresión, sin embargo, permanecía un tanto distante. Alejandro frunció ligeramente.ol ceño y la rodeó con los brazos, atrayéndola con suavidad.
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Capítulo 363
-¿Pasa algo? ¿No te agradan?
Luciana no respondió de inmediato. Se quedó mirando el reflejo de ambos, con sus manos reposando sobre las de Alejandro.
Inspiró profundo y habló en voz baja:
-Alejandro, ¿no existe alguna forma…?
-¿Alguna forma de qué? -preguntó él, confundido.
-Quiero decir… -Luciana se dio la vuelta, quedando frente a frente-. ¿De verdad no hay manera de convencer a tu abuelo? Mañana es la boda. Todavía hay tiempo. 1
-¿Convencerlo de qué? -repitió Alejandro, atónito. Poco a poco, la calidez de su sonrisa se fue disipando, dejando entrever un gélido matiz en sus ojos. Explícate. 6
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