Capítulo 434
-¿Qué dijiste? -Clara se quedó atónita-. ¿No habías terminado con él? ¿Todavía hay chance de algo entre ustedes?
-Ajá… -fue todo lo que pudo decir Mónica, algo dudosa.
-¿De verdad? -Clara dio un respingo de alegría, aferrando la mano de su hija-. ¡Cuéntame, cuéntame! ¿Cómo lo lograste? ¿Qué pasó?
-Mamá… -murmuró ella con un profundo suspiro.
***
En la entrada de la casa de los Herrera, Luciana se detenía frente a la reja, percatándose de que habían cambiado la cerradura y la clave de acceso. Ya se lo imaginaba: a estas alturas no le abrirían por las buenas.
Pero no estaba sola; venía con Simón.
-Simón, estaciona aquí, por favor.
Él obedeció, aparcando el auto justo frente al portón. Se bajó y contempló la elevada muralla. Luciana, en cambio, mostraba determinación.
-Simón, ¿podrías trepar y abrirme la puerta desde dentro? -solicitó sin rodeos.
-Pero, Luciana… —dudó él—. ¿No sería mejor esperar a la policía? Esto es allanamiento, ¿no?
Ella frunció el ceño, pensándolo brevemente.
-Ya veo: reconociste este lugar como la casa de Mónica y, por ende, temes causar problemas con Alejandro, ¿cierto?
Simón contuvo un suspiro. «<Luciana es demasiado perspicaz.>>
-Si es así, no te obligaré. Treparé yo -dijo arremangándose.
-¡Oye, no! -Se alarmó Simón, sujetándola rápido. ¿No recuerdas que estás embarazada? ¡ Ni se te ocurra!
Con resignación, y sin muchas opciones, él se encargó.
-Está bien, lo haré yo. Espera un segundo.
-Gracias.
En un par de maniobras, Simón saltó al interior y destrabó la puerta. Luciana no perdió el
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Capítulo 434
tiempo: cruzó el umbral y se dirigió directamente a la vivienda.
-¿L–Luciana? -exclamó una de las sirvientas al verla. ¿Qué haces aquí?
Luciana, con el semblante serio, cortó la pregunta:
-¿Dónde está mi hermano?
-¿T–tu hermano? -La empleada palideció al instante, tartamudeando sin saber disimular el
susto.
Eso solo confirmaba más las sospechas de Luciana. Después de todo, había crecido en esa casa, y conocía bien a Eva, la empleada, que siempre había sido cómplice de Clara.
-¿Dónde está Clara? Quiero verla, que salga.
-La señora no está en la casa -respondió Eva con demasiada rapidez.
“Tanta prisa para responder…” pensó Luciana, sabiendo que aquello era bastante sospechoso. Sin más, avanzó hacia el interior:
-¿En serio? Pues voy a revisarlo todo. Si no la encuentro, me iré sola…
-¡Oye! -exclamó la empleada, intentando detenerla por el brazo.
-¡Simón! -gritó Luciana.
-¡Presente! -replicó él al instante, sujetando a la mujer de la muñeca, haciendo que soltara un grito de dolor.
—¡Ay, me lastiman! ¡Auxilio! ¿Qué gente son ustedes? —chillaba la empleada.
Luciana, en cambio, continuó con el ceño fruncido, mientras miraba con frialdad:
-Cállate. Simón, manténla aquí. Yo revisaré la casa.
-Entendido —asintió Simón, consciente de la tensión.
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<<¿De verdad Pedro estaba aquí? ¿Y secuestrado por la madre de Mónica?» No lo podía creer. <<< Debo avisar a Alejandro cuanto antes»>, pensó.
Entre tanto, Luciana subió y bajó cada habitación de la casa sin encontrar a nadie.
-¿Ves? -soltó la empleada, intentando mostrarse ufana-. Te dije que la señora no estaba. Y lo de tu hermano… ni idea de lo que
hablas.
Con el entrecejo fruncido, Luciana recordó algo. Dio media vuelta y se encaminó hacia otra parte:
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-¿Oye? ¿A dónde vas?
La empleada, al ver que se dirigía a la zona trasera que daba al almacén, se alteró de golpe:
-¡Detente ahora mismo! ¡Simón, haz algo!
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