Capítulo 451
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-Todo en calma -asintió Alejandro-. No se han detectado movimientos sospechosos.
-Imagino que están bastante ocupados con sus propios asuntos–musitó Miguel, sintiéndose más tranquilo.
En ese momento, se abrió la puerta y entró Luciana.
-Abuelo, ya tenemos fecha para la cirugía —anunció—. Será este viernes. Ese día solamente atenderán su operación. El profesor Delio será el cirujano principal, y yo estaré de primera asistente, así que ahí estaré a su lado todo el tiempo.
-¡Magnífico! -exclamó Miguel, sonriendo-. Con mi nieta favorita al lado, ¿qué podría salir mal?
Luego de ultimar algunos detalles con Miguel, Alejandro se despidió para ir a la oficina, mientras Luciana se quedó charlando un poco más con el abuelo. Al rato, ella también se marchó. <<No se imaginó, sin embargo, que se encontraría con alguien más.>>>
Justo al salir de la sala VIP, se topó con Lorenzo Manzano, el psicólogo que Alejandro había contratado para Pedro.
¿Doctor Manzano? —lo saludó, algo extrañada.
—Señora Guzmán -respondió él, algo sorprendido también. No esperaba verla por aquí a esta hora; supuse que estaría en Sanatorio Cerro Verde con Pedro.
Percatándose de su expresión, Lorenzo adelantó explicaciones:
-Pedro ya terminó su terapia del día y, antes de irme, dejé todo indicado con Balma. En caso de que surja algo, me contactarán. Tenía un asunto que atender, así que vine rápido y luego volveré para allá.
Luciana movió la cabeza en señal de comprensión:
-No se preocupe, no estoy aquí para pedirle explicaciones ni nada por el estilo.
El doctor Manzano relajó los hombros al ver que, efectivamente, ella no traía un tono
recriminatorio.
-La verdad, aproveché para visitar a otro de mis pacientes que está hospitalizado. Tuvo una lesión, y pensé en pasar a revisarlo, pues no ha venido a sus citas de seguimiento.
Luciana lo miró con respeto. Sabía que, en su profesión, muchos doctores no iban más allá de lo obligatorio, así que le impresionó la dedicación.
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-Me alegra ver lo entregado que es, doctor. Se nota su vocación.
-Gracias, señora Guzmán -asintió Lorenzo con modestia.
Sin embargo, Luciana sintió algo extraño, una corazonada difícil de explicar. «¿De qué paciente habla? ¿Por qué está en el área de cirugía?»>
-Doctor Manzano… -dijo frunciendo ligeramente el ceño, aunque no con hostilidad-. Mencionó que su paciente se lastimó. ¿Se trata de algún trauma quirúrgico?
-Sí, exacto -él confirmó, sin saber a dónde quería llegar-. ¿Por qué lo pregunta?
—¿Una herida de arma blanca? —insistió Luciana.
-¿Cómo…? -Lorenzo, sorprendido, parpadeó dos veces y acabó asintiendo-. Sí… así fue. ¿ Cómo lo supo?
En ese mismo instante, Luciana sintió con más fuerza ese presentimiento que la inquietaba. Sin detenerse a pensar en la impresión que causaba en el psicólogo, preguntó:
-¿Su paciente se llama Fernando Domínguez?
-¿Fernando? -volvió a quedarse perplejo. Desde su profesión, no podía divulgar información sobre un paciente. Sin embargo, notaba que la señora Guzmán no era una desconocida.
-¿Lo conoce, señora Guzmán?
—Sí, lo conozco. —Entendiendo la preocupación de Lorenzo, Luciana evitó presionarlo-. No necesito detalles, solo quiero saber si efectivamente hablas de Fernando. Nada más.
Él vaciló un momento antes de dar un leve asentimiento:
-Sí… es él.
Luciana cerró los ojos por un segundo, como si un dolor invisible la atravesara. Su mente recordó aquella vez del accidente, cuando Fernando llevaba una bolsa con medicamentos; creyó ver pastillas para dormir, que ahora confirmaba eran somníferos. <<¿Somníferos, psicólogo…? ¿Qué tan grave estaba Fernando?>>
-Señora Guzmán, si me disculpa, tengo que marcharme -se apresuró a decir el doctor, al sentir que estaba yendo más allá de lo recomendado.
-De acuerdo… -murmuró ella, distraída.
Se quedó unos instantes en el mismo sitio, sumida en sus pensamientos. Después reaccionó y aceleró el
paso, decidida a buscar el expediente médico de Fernando.
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Simón, que no le quitaba ojo de encima, advirtió su actitud y se adelantó para bloquearle el paso:
-Luciana, ¿a dónde vas? -inquirió con nerviosismo-. Apenas lograste superar tus problemas con Alejandro, ¿no crees que sería mejor no buscar más complicaciones?
-No voy a verlo -replicó ella con determinación-. Te lo prometo, no me reuniré con Fernando. Solo quiero consultar su expediente.
Trabajando en ese hospital, no le resultaría complicado revisar el expediente de Fernando.
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