Capítulo 452
<<Si Lorenzo no me lo puede contar, el archivo clínico sí.»>
Simón dudó, frunciendo el ceño.
-Si te mintiera, podrías atarme y llevarme–añadió Luciana, proponiendo una solución con un dejo de humor. Después, casi en un susurro, repitió: Por favor, Simón, Fernando es amigo mío, y sospecho que está muy mal.
-Bueno… está bien–cedió al final. Tampoco es que pudiera resistirse mucho más.
Se mantuvo unos pasos atrás de ella, atento por si Luciana llegaba a tropezarse con Fernando para intervenir. Sin embargo, Luciana fue directamente a Urgencias de cirugía, donde solicitó el expediente de su amigo.
Al llegar a la sección de antecedentes, lo que leyó la dejó en shock:
-Historia de depresión mayor durante tres años.
-Cicatrices permanentes en la muñeca izquierda, indicativas de intentos previos de autolesión.
La enfermera de guardia notó la cara de Luciana y comentó:
-Doctora Herrera, ¿es su conocido?
-Sí–respondió ella, con una mueca que pretendía ser una sonrisa-. Les encargo que lo cuiden mucho, por favor.
-Claro que sí —asintió la enfermera—. En cuanto a la herida física, no es gran cosa. Es joven y se recupera rápido. Pero… -bajó la voz con un tono de tristeza-. Lo preocupante es el cuadro depresivo, pasa noches sin dormir, tiene conductas repetitivas. Al menos hoy vino su psicólogo y parece que está algo mejor.
Las palabras de la enfermera apenas si llegaron al cerebro de Luciana. Su mente estaba a la deriva, aturdida por lo que acababa de descubrir.
Gracias… cuídenlo.
Le devolvió el historial y salió casi huyendo, sin encontrarse con Fernando. Simón la siguió, algo más tranquilo al ver que su promesa de no verlo se cumplía.
Luciana apretó el paso, sacó el teléfono y llamó a Vicente:
-¿Luciana? ¿Te diste el lujo de pensar en tu hermano mayor…?
-¿Sabías que Fernando sufre depresión? -lo cortó ella, sin
ganas de bromear.
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Capítulo 452
Vicente guardó un incómodo silencio antes de responder:
-¿Cómo lo descubriste?
«<Así que sí lo sabía.» Luciana apretó los puños:
-¡No importa cómo! Dime todo lo que sepas.
Hablaba con premura, sintiéndose culpable. «¿Tendrá su enfermedad algo que ver conmigo?»>
-En realidad, no sé mucho -suspiró Vicente-. Pero sí… supe que, poco después de marcharse al extranjero, Fernando se deprimió al no poder contactarte, y no logró convencer a su familia de algo… Sea como sea, cayó en un cuadro grave.
—¿Qué tan grave? —insistió Luciana con un hilo de voz.
-Bueno… llegó a hacerse daño. Se cortó las venas… no solo una vez.
<<Partió hace tiempo. Depresión… Intentos de suicidio, más de uno.>>
La garganta de Luciana se cerró:
-¿Por qué no me lo dijiste? -reprochó con los ojos anegados en lágrimas-. Lo sabías desde hace tiempo, ¿por qué nunca me lo contaste?
Nunca imaginó que Fernando hubiese llegado hasta tal extremo por su causa. Ella creyó que si logró sobrellevar sus heridas emocionales, él también lo habría hecho. Pero, por desgracia, no: <<solo ella logró salir, mientras Fernando quedó atrapado en ese dolor hasta hoy.>>
-Porque él se negó a que lo contara–respondió Vicente-. Además, por un tiempo parecía que ustedes retomaban la relación, y Fernando estaba mejor. Pero luego volvieron a distanciarse…
Luciana abrió la boca, sin poder articular palabra, con el pecho a punto de estallar. Se le escaparon lágrimas incontenibles:
-¿Cómo…? -El corazón se le oprimía al imaginar a Fernando en esa desesperación, y la mente se llenaba de culpa y tristeza.
Jamás Fernando lo confesó, ni cuando se reencontraron después de tres años ni cuando ella le rechazó de nuevo. «Ni una sola palabra.>>>
-Aaah… -Un quejido quedó atrapado en su garganta, mientras sollozaba en voz baja, como si un puñal se incrustara en su corazón.
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