Capítulo 48
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Luciana, con una mano cubriéndose la boca, sacudía la cabeza, rechazando la insólita oferta de Alejandro. ¿Cómo iba a vomitar en su mano?
-¡Hazlo ya! -insistió Alejandro, desesperado.
Sin más remedio y sin poder contenerse, Luciana terminó vomitando en su mano, y gran parte del líquido también cayó sobre su elegante abrigo.
-Lo… lo siento -dijo Luciana, respirando con dificultad. Su rostro, normalmente lleno de vida, estaba pálido como una hoja en blanco.
-No pasa nada -respondió Alejandro, mientras con calma se quitaba el abrigo, lo envolvía y lo arrojaba al cesto de basura sin titubeos.
-Voy al baño a limpiarme -añadió, saliendo con prisa.
Cuando regresó, traía la camisa empapada por el agua del lavado, y Luciana notó que no llevaba la camisa que ella misma le había hecho. Sintió una ligera punzada en el pecho. No era decepción exactamente, pero algo en su interior se agitó, dejándola incómoda.
-¿Cómo te sientes ahora? -Alejandro se agachó nuevamente frente a ella, con la misma suavidad en su voz-. Con el estómago vacío y después de vomitar, debes sentirte peor. No creo que puedas comer lo que pedimos… ¿hay algo que se te antoje comer?
Luciana, algo cohibida, dudó antes de responder.
—Yo… —tartamudeó-, me gustaría comer sopa de fideos con trocitos de masa.
Alejandro abrió los ojos de par en par, como si lo que acabara de escuchar fuera
completamente inaudito. Luciana supo de inmediato que esa sería su reacción, y por eso había dudado en decirlo.
-¿Sopa de fideos con trocitos de masa? -repitió Alejandro, completamente desconcertado. ¿ En un restaurante de seis estrellas Michelin, rodeados de platillos exquisitos, y ella quería algo tan simple?
De repente, Alejandro se puso de pie y tomó las llaves del auto. Luciana pensó, abatida, «Ya se enfadó.>>
–
-Vámonos dijo él mientras le ofrecía su brazo para ayudarla a levantarse. Aquí no van a tener sopa de fideos.
-¿Eh?-Luciana parpadeó, sintiendo una inexplicable mezcla de vergüenza y confusión mientras se levantaba con su ayuda. No pudo evitar sentirse pequeña y algo avergonzada por su peculiar antojo.
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Capitulo 48
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Una vez dentro del auto, Luciana pensaba que tal vez lo mejor sería volver al hospital y cocinar algo sencillo como fideos instantáneos. Sin embargo, cuando Alejandro tomó otra dirección, ella se percató de que no iban hacia el hospital.
-¿A dónde vamos? -preguntó sorprendida, observando cómo el paisaje cambiaba.
Alejandro, sin apartar la vista del camino, lanzó una mirada rápida en su dirección.
-Dijiste que querías sopa de fideos con trocitos de masa. Te llevaré a comerla.
-¿Eh? -Luciana estaba llena de preguntas, pero antes de poder formular una respuesta coherente, se le escapó un suave «Oh>>.
Alejandro condujo en silencio, llevando a Luciana de vuelta a la Casa Guzmán en Rinconada. Luciana reconoció el lugar de inmediato; había estado allí antes, pero no podía evitar preguntarse si realmente habría sopa de fideos con trocitos de masa en un lugar tan lujoso.
Una vez que llegaron, Alejandro se dirigió a un mayordomo que los recibió en la entrada.
-Señor Alejandro, bienvenido de nuevo -saludó el mayordomo con una inclinación
respetuosa.
-Sí–respondió Alejandro, asintiendo brevemente antes de dar la orden-. Llama a Amy y dile que prepare una sopa de fideos con trocitos de masa.
Luego, miró a Luciana y le preguntó con un tono más suave:
-¿Cómo la prefieres?
-Con tomate y zanahoria, y si se puede, un poquito picante–contestó Luciana, todavía un poco desconcertada por estar allí.
Alejandro asintió, confirmando:
-Sopa de fideos con un toque ácido y picante.
El mayordomo se apresuró a responder.
-Sí, señor y se dirigió a la cocina para dar las instrucciones.
Luciana no pudo evitar sonreír, mirando a Alejandro con diversión.
-¿De verdad sabes lo que es la sopa de fideos con trocitos de masa?
-¿Por qué no habría de saberlo? –Alejandro arqueó una ceja, fingiendo indignación.
-Es que… con todo respeto, tú no pareces del tipo de persona que ha probado algo tan sencillo -dijo Luciana, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y diversión.
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Capitulo 48
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Alejandro soltó una leve risa, profunda y resonante.
-¿Y eso qué tiene que ver? ¿Porque soy un «<rico»> no puedo haber comido algo tan simple?
Luciana asintió rápidamente, todavía sonriendo.
-Claro, claro. Tienes razón.
Él la miró, sus labios curvándose en una sonrisa genuina.
-Amy hace la sopa de fideos con trocitos de masa deliciosa. Cuando era niño, solía prepararla para mí.
No pasó mucho tiempo antes de que Amy llegara con un tazón humeante de sopa de fideos con trocitos de masa. El aroma llenó la habitación, y Luciana prácticamente se sumergió en el tazón, disfrutando cada bocado. Alejandro, al verla comer con tanto gusto, sintió una leve satisfacción al saber que había acertado con su elección. 1
Sin embargo, mientras la observaba, un pensamiento sombrío cruzó su mente, y su humor se ensombreció. Instintivamente, buscó en su bolsillo un cigarrillo, pero se detuvo antes de encenderlo, recordando su presencia y, más aún, el bebé que llevaba en su vientre. Sostuvo el cigarrillo entre los dedos, sin intención de fumarlo, mientras sus ojos oscuros se estrechaban, llenos de preguntas.
-¿Qué tipo de persona es el padre de ese niño? -La pregunta escapó de sus labios con un tono
grave.
Luciana levantó la vista, sorprendida por la pregunta directa. 1
-¿Es que no sabe de la existencia del niño o lo sabe y no quiere hacerse cargo? -Alejandro insistió.
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