Capítulo 570
Así que Pedro carecía de todo concepto sobre un padre.
-Sí–asintió Luciana-. Claro que tienes un papá; todos tenemos padre y madre.
Pedro se quedó callado, notablemente confundido. Luciana no presionó; dejó que él lo asimilara a su ritmo. Tras un rato, él al fin habló:
-Entonces, ¿mi papá tampoco está… igual que mamá?
Al oírlo, Luciana sintió un pinchazo de dolor en el pecho y un sabor amargo en la garganta.
-¿Por qué piensas eso, Pedro?
Él frunció más el ceño, tratando de explicarlo:
-Porque… nunca viene a verme.
Luciana sintió que se le oprimía el corazón y los ojos se le humedecían. ¡De qué forma lamentaba haber sacado el tema! Al fin y al cabo, si Ricardo no encontraba donante de hígado, sería su destino. Él sembró la semilla del desinterés en sus hijos, y ahora cosechaba que Pedro asumiera que “papá no existía“.
-Pedro, ¿por qué no pruebas esta fresa? -cambió de conversación, ofreciéndole un pedazo —. Mira, casi te manchas toda la cara -bromeó-. ¡Pareces un gatito!
–
No se quedó a cenar con él. Luciana tenía que volver a su servicio; había un paciente para cirugía al día siguiente, y todavía necesitaba completar la plática preoperatoria con él.
Al llegar a la unidad, terminó esa tarea, pero de pronto Delio la llamó a su despacho.
-¿Profe? -inquirió ella, intrigada-. ¿Ocurrió algo?
Debía de ser algo importante, porque él siempre estaba ocupado y rara vez se encontraba en la sección a esa hora.
-Sí, es algo relacionado contigo -repuso Delio con un suspiro, reflejando seriedad. No es un chisme todavía, pero la facultad ya comenzó a investigar.
-¿Investigarme a mí? ¿Por qué? -Luciana se alarmó al instante. Observó el semblante de Delio y notó que no era nada bueno. Se devanó los sesos tratando de entender qué pudo haber hecho mal.
—Luciana… —continuó él, frunciendo el ceño-. Alguien te denunció diciendo que tu trabajo premiado es un plagio.
-¿Qué? -exclamó Luciana, quedándose de piedra-. ¿Cómo va a ser?
+25 BONOS
Capitulo 570
Recordó con cuánto esfuerzo y desvelo había reunido los datos clínicos y las referencias para su tesis; había sido un proyecto de noches en vela.
-¿Quién me acusó?-preguntó con los latidos en la garganta.
-Luisa Ramos–mencionó Delio.
-¿Luisa? -repitió Luciana, casi en un murmullo. Conocía ese nombre: fue su compañera de cuarto cuando vivían en el campus. Aun así, no lograba entender.
-¿Por qué Luisa me acusaría? ¿Y dice que plagié qué…?
Delio suspiró:
-Pues, según entendí, te acusa de apropiarte de su trabajo; ella sostiene que la has copiado.
-¡Qué absurdo! -exclamó Luciana, negando con la cabeza-. Profe, yo jamás haría algo así. Además, seamos francos: ¿qué podría haber escrito Luisa que valiera la pena plagiar?
La simple idea le parecía ridícula. Ella conocía el nivel de Luisa y no lo consideraba ni remotamente comparable al suyo.
-Lo sé–respondió Delio-. Si alguien confía en tu capacidad e integridad, soy yo.
Conocía a su alumna tanto en lo personal como en lo profesional. Aun así, una denuncia era una denuncia.
-Pero, ya que lo presentó formalmente, sugiero que reúnas toda la evidencia posible para demostrar lo contrario y dejarla en evidencia. El departamento académico y el área médica van a investigarlo, pero no voy a permitir que un simple rumor se convierta en un escándalo.
-De acuerdo, profe -asintió Luciana, dispuesta a prepararlo todo. Aunque había algo que la inquietaba: sentía un extraño presagio revoloteando en su interior, una sensación de que esto no quedaría en un mero contratiempo.
Sus párpados le temblaban con una insistencia que, sin saber por qué, la hacía sentir una fuerte y desagradable corazonada.
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