Capítulo 66
Además, su abuelo pronto saldría del hospital. Era el momento de retomar el asunto del divorcio.
Por su parte, Luciana corrió hacia su dormitorio sin detenerse, cerró la puerta detrás de ella y se cubrió las mejillas con las manos.
-¡Dios mío! -¿Había soñado o eso realmente había pasado? ¡Alejandro la había besado!
¿Por qué lo hizo? ¿No estaba enamorado de Mónica? ¿Entonces, le estaba jugando una mala pasada? Aún podía sentir un leve sabor a alcohol en sus labios. ¿Así que la besó solo porque estaba borracho y perdió la razón? 1
Luciana se llevó la mano al pecho, donde su corazón latía con fuerza… al mismo tiempo que sentía una ligera punzada de tristeza y confusión.
***
Unos días después, temprano en la mañana, Luciana recibió una llamada de Miguel.
-Buenos días, abuelo.
Miguel respondió con una sonrisa:
-Luci, ¿estás ocupada?
-Estoy trabajando durante el día -respondió Luciana con sinceridad-. Salgo a las cinco y media de la tarde.
Miguel continuó:
-Es que hoy me dieron de alta del hospital y volví a casa. Ustedes ya llevan varios días casados, y pensé que sería bueno que esta noche cenáramos en familia, ¿te parece?
-Por supuesto -Luciana aceptó sin dudar.
Miguel añadió:
-Y tú le avisas a Alex.
Luciana quiso negarse. No le apetecía llamar a Alejandro; cada vez que pensaba en el beso, se sentía incómoda. Pero Miguel no le dio opción.
-Entonces, queda así. Los espero en casa esta noche.
Colgó el teléfono y Luciana suspiró, resignada. No le quedó más remedio que llamarlo. Abrió su lista de contactos y marcó el número de Alejandro. Sin embargo, él no contestó. Luciana
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supuso que debía estar ocupado, así que le envió un mensaje.
[El abuelo nos quiere en casa para cenar esta noche.]
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Después de un día ajetreado, a las cinco y media, Luciana se cambió de ropa y salió del trabajo. Revisó su teléfono, que seguía sin recibir respuesta de Alejandro. No sabía si él había leído el mensaje o si iría esa noche.
***
En la Casa Guzmán.
Aunque Miguel ya había salido del hospital, aún no estaba completamente recuperado. Habían contratado a una cuidadora, y el doctor lo visitaba diariamente para revisarlo. Cuando Luciana llegó, Alejandro todavía no había aparecido, así que se quedó conversando con el abuelo.
-Luci -dijo Miguel-, recuerdo que cuando fui al hospital a ver a tu madre, ella se veía bastante bien. ¿Cómo fue que después…?
Luciana apenas recordaba aquellos días, después de todo, tenía solo ocho años entonces.
Sacudió la cabeza.
-No lo sé, tal vez empeoró más tarde.
Mientras hablaban, Alejandro llegó. Se quitó la chaqueta y se dejó caer en el sofá. Echó una mirada a Luciana antes de hablar:
-Abuelo, tengo algo que decirte.
El corazón de Luciana dio un vuelco. Aunque no habían estado en contacto, había entre ellos una especie de entendimiento tácito. En ese instante, supo exactamente lo que él iba a decir: el señor Miguel ya había salido del hospital; Alejandro iba a hablar sobre el divorcio.
Silenciosamente, Luciana apretó las manos en su regazo.
-Abuelo…
Miguel interrumpió a su nieto, sumido en sus
-Espera, hijo, no ahora… Ay, fue mi culpa. propios remordimientos-. Me ocupé tanto del negocio y de cuidar a Alex, que no volví a ver a tu madre. -El anciano tomó la mano de Luciana con cariño. Eres una buena chica, y aunque eres mi nuera, para mí eres como si fueras mi propia nieta.
-Abuelo… Luciana se conmovió profundamente.
–
-Tranquila, mientras yo viva, cuidaré de ti como lo habría hecho tu mamá Miguel se secó una lágrima y miró a su nieto-. ¿Qué era lo que querías decir?
-Es así, abuelo -Alejandro abrió ligeramente los labios y miró a Luciana-, Luciana y yo
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