Capítulo 267
Alejandro se repetía a sí mismo que debía mantener la calma.
Ignorando el hecho de haber estrellado el celular contra la pared, estaba logrando mantenerse frío.
Tomó su propio teléfono y llamó a Sergio.
-Soy yo -dijo con tono seco-. Investiga en la oficina de migración y averigua a dónde quiere ir Luciana.
-Entendido.
Colgó, sintiéndose más sereno.
Llamó a una enfermera y le pidió que recogiera los restos del teléfono destrozado.
-Sobre lo del celular —añadió—, no debes decirle nada a nadie.
Para reforzar su orden, añadió con indiferencia:
-Luego pediré que te transfieran algo de dinero.
La enfermera, encantada, sonrió ampliamente.
-No se preocupe, señor Guzmán, no diré ni una palabra.
–
Después de un rato, Luciana volvió, empujando la silla de ruedas de Miguel.
Al ver a su nieto, el rostro del anciano perdió toda expresión alegre.
El abuelo seguía molesto, claramente culpándolo por haber dejado escapar a una nuera tan buena como Luciana.
Luciana, consciente de la tensión, decidió no entrometerse.
Tomó su mochila y se despidió de Miguel con una sonrisa.
-Abuelo, me voy. Volveré pronto para verte.
-Está bien, eres la mejor respondió Miguel con ternura.
–
Luego, girándose hacia Alejandro, frunció el ceño.
-¿Y tú qué haces aquí? ¿No te dije que no quiero verte? ¡Lárgate!
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Capítulo 267
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Alejandro apenas torció los labios en una ligera sonrisa. Sabía que su abuelo solo estaba dándole una excusa para quedarse más tiempo con Luciana. Perfecto, justo lo que quería.
-¿Eh? -Luciana, mientras tanto, revisaba el bolsillo lateral de su mochila, frunciendo el ceño -¿Dónde está mi celular?
-¿Qué pasa? -preguntó Miguel, captando al instante su preocupación. ¿Perdiste algo?
-Sí–respondió ella, asintiendo-. Abuelo, no encuentro mi celular.
-¿Ah?-Miguel se alarmó-. ¿Lo dejaste en el dormitorio o en la oficina?
-No, imposible -dijo Luciana, sacudiendo la cabeza. Cuando entré a la habitación revisé mi correo electrónico en el celular y lo guardé aquí. Estoy segura.
Miguel asintió con gravedad.
-Entonces lo perdiste aquí, en la habitación. Alex, revisa las cámaras de seguridad y ve qué pasó.
Alejandro mantuvo una expresión inmutable. Revisar las cámaras no era una opción, ni ahora
ni nunca.
Con aparente despreocupación, respondió:
—¿Para qué tanto lío? Si el celular se perdió aquí, siendo nuestra familia responsable, yo te
compro uno nuevo.
-¿Qué? -Luciana lo miró, sorprendida.
Inmediatamente negó con la cabeza.
-No es necesario. Si se puede encontrar…
Pero Miguel, para sorpresa de Luciana, estuvo de acuerdo con Alejandro.
-Alex tiene razón. Luci, tu celular ya está viejo. Es mejor que él te compre uno nuevo. Total,
tiene dinero.
Luciana: «¿Qué podía decir ante este abuelo y nieto tan generosos?>>>
-Vamos -dijo Alejandro, echándole una mirada de soslayo-. Es solo un celular. Lo perdiste mientras visitabas a mi abuelo, así que es mi deber reponértelo.
Miguel la miraba con tanta insistencia que no pudo negarse.
Luciana respiró hondo y finalmente accedió.
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Capitulo 267
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-Está bien.
Alejandro sonrió con autosuficiencia y comenzó a caminar delante de ella.
-¡Ve con él, Luci! -gritó Miguel. ¡Date prisa!
Luciana, sin decir nada, bajó la cabeza y lo siguió.
Era una tarde tranquila y casi no había gente en la zona de los elevadores.
Alejandro entró primero, haciendo un gesto con la cabeza para que Luciana lo siguiera. Ella obedeció y entró detrás de él.
Las puertas del elevador se cerraron, y Luciana habló en voz baja:
-Podemos ir a la calle trasera de la UCM. Ahí hay varias tiendas de celulares.
-De acuerdo -asintió Alejandro, sin objeciones.
Por un momento, ambos se quedaron en silencio.
Luciana no podía dejar de darle vueltas al
tema. ¿Cómo pudo desaparecer su celular? Era algo demasiado extraño.
Alzó la mirada hacia Alejandro.
-¿Y si le pedimos a la enfermera que lo busque? -sugirió.
El teléfono había desaparecido de una manera tan inexplicable…
-No hace falta complicarse tanto…
¡BANG!
Un estruendo repentino sacudió el elevador.
-¿Qué fue eso? -exclamó Luciana, sobresaltada.
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