Capítulo 81
Capítulo 81
+25 BONUS
No pasó mucho tiempo antes de que Alejandro terminara los trámites de salida del hospital, y esa misma noche, la familia se mudó a la Casa Guzmán en Rinconada.
Alejandro estacionó el coche y, al entrar, Miguel, debilitado y agotado, se fue a descansar de inmediato. En la sala, Luciana conversaba con el mayordomo Felipe.
-Felipe, aquí tienes los detalles de la dieta y el medicamento. Agreguemos nuestros números a WhatsApp, así te envío el documento. Si olvidas algo, puedes revisarlo allí.
-Muy bien. -Felipe asintió varias veces, sonriendo—. Amy está preparando una sopa. Antes no sabíamos bien cómo manejar la dieta, ¿podrías echarle un vistazo para ver si todo está en orden?
-Claro.
Ambos se dirigieron a la cocina. Alejandro, desde un rincón, los observaba en silencio. Sin darse cuenta, su expresión se suavizó. Sentía un alivio al tener a Luciana allí. Con su abuelo enfermo, había temido que la casa se llenara de tristeza, pero Luciana lo mantenía todo bajo control. Eso le daba paz.
Alejandro subió a ver a su abuelo y luego regresó a su habitación. Al entrar, vio una pequeña maleta en el centro del cuarto. No parecía contener mucho. La puerta se abrió y Luciana apareció, sorprendida al verlo.
-Perdón, olvidé tocar la puerta.
Alejandro no comentó nada al respecto y señaló la maleta.
-¿Eso es todo lo que trajiste?
-Es bastante. -respondió Luciana, sin inmutarse-. Traje ropa para una temporada, además de algunos libros…
-¿Solo para una temporada? -Alejandro arqueó una ceja-. ¿Nada más?
-No voy a quedarme mucho tiempo. -contestó Luciana, parpadeando, como si no entendiera su sorpresa.
No había nada incorrecto en lo que decía, pero Alejandro sintió un nudo en el pecho.
-¿Dónde pongo mis cosas? -preguntó Luciana, jalando la maleta.
Alejandro señaló hacia el vestidor.
-El vestidor está
por allá.
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Capítulo 81
Ok.
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Luciana empujó la maleta hacia el vestidor, mientras Alejandro la seguía en silencio. Cuando ella la abrió, él echó un vistazo.
-¿Solo trajiste dos mudas de ropa? -preguntó, frunciendo el ceño.
-Con eso me basta. -respondió Luciana sin levantar la cabeza, sin darle mayor importancia.
Alejandro frunció el ceño aún más. No era lo que esperaba. ¿No se suponía que ella era buena para conseguir lo que quería de los hombres? Solo de él había obtenido más de 200 mil dólares, y eso que ni siquiera era su verdadero esposo. En teoría, debería haber conseguido mucho más de su <<hombre». Sin embargo, apenas traía ropa sencilla. Recordaba que Luciana siempre vestía con T–shirts y camisas simples. Incluso tenía trabajos de medio tiempo. Una vez le había dicho que simplemente sobrevivir ya era bastante complicado… ¿Acaso todo lo que decía era verdad?
Cuando Luciana terminó de organizar sus cosas, señaló el sofá.
-Tú duerme en la cama, yo dormiré aquí.
Alejandro frunció el ceño de inmediato.
-No.
-No pasa nada. —le interrumpió Luciana con una sonrisa-. Vine aquí por tu abuelo. Le debo mucho, así que es lo mínimo que puedo hacer para cuidarlo y darle tranquilidad.
A pesar de sus palabras, Alejandro sentía que, de algún modo, ella estaba sacrificándose.
Luciana levantó la mirada, sus grandes ojos brillaban con sinceridad.
-No me estoy sacrificando. —le dio unas palmaditas al sofá. Este sofá es carísimo, más ancho y suave que la cama de mi residencia estudiantil. ¿Cómo voy a sentirme mal?
Lo que decía era cierto, pero Alejandro no pudo evitar sentir una punzada de compasión. ¿ Cómo eran sus días en la universidad? Viviendo en un dormitorio destartalado, con una cama
incómoda…
Más tarde, después de asegurarse de que Miguel tomara su medicamento y descansara, Luciana volvió al cuarto y se acostó. Alejandro seguía en el estudio, ocupado. Cerca de la una de la madrugada, Luciana fue despertada por el sonido de su teléfono. Era una llamada del Sanatorio Cerro Verde.
-¿Hola?
-¿Es la hermana de Pedro? Pedro ha tenido un problema, ¿podrías venir de inmediato?
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Capítulo 81
Luciana sintió un escalofrío recorrerle la piel.
-¿Qué le pasó a Pedro?
-Intoxicación alimentaria.
-¡Voy para allá enseguida!
Colgó y corrió hacia el vestidor. Alejandro, que había escuchado el alboroto, la detuvo.
-¿Qué está pasando?
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