Capítulo 138
Agustín frunció el ceño y finalmente preguntó: -¿Es grave?
Adelina parecía genuinamente preocupada, -Parece bastante serio, no puede caminar. Deberías ir a ver.
El camino en la montaña era accidentado, un descuido y uno podría caer o torcerse el pie. Dafne no sospechó nada en ese momento; después de todo, Fátima era la hermana de Agustín y si estaba herida, debía ir a verla.
-Vamos a ver qué sucede -le dijo Dafne a Agustín.
-Sí.
Agustín y Dafne siguieron a Adelina de regreso por un tramo del camino y vieron a Fátimal sentada en una roca al borde del sendero, mordiéndose el labio y gimiendo de dolor.
-¿Qué pasó? -preguntó Agustín.
Fátima, con lágrimas en los ojos, respondió: -Me resbalé al pisar una piedrita y caí, me lastimé el pie, duele mucho.
Dafne bajó la mirada y vio que la rodilla de Fátima estaba sucia de tierra, y su tobillo tenía un corte del que brotaba sangre. Estaba realmente herida.
Agustín preguntó: -¿Puedes caminar?
-No, no puedo.
Al decir esto, las lágrimas comenzaron a fluir, llorando con un aire de tristeza y vulnerabilidad, -Estoy bien, hermano, no te preocupes por mí. Ya casi llegan a la cima, vayan a ver la lluvia de meteoros, no quiero retrasarlos.
Agustín asintió, -Buscaré a alguien que te lleve de regreso.
Fátima quedó atónita, su expresión se descontroló por un momento, pero rápidamente se recompuso y continuó llorando, -Hermano, yo… también quiero ver la lluvia de meteoros. ¿Podrías no llevarme de regreso ahora? No quiero quedarme con las ganas.
El grito de Fátima había sido tan fuerte que Iris y Jaime, que caminaban delante, también lo escucharon. Iris se acercó justo a tiempo para escuchar lo que decía Fátima.
Iris echó un vistazo al corte de Fátima y torció la boca, pensando: vaya, incluso ha recurrido a
eso.
Como era de esperarse, al instante siguiente, Fátima dijo con un tono suplicante: -Hermano, ¿podrías cargarme a la cima? No está tan lejos, y no peso mucho.
Dafne e Iris intercambiaron miradas y luego fijaron sus ojos en Agustín.
La distancia al mirador de la cima era de solo unos cien o doscientos metros, realmente no
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estaba lejos.
La petición de Fátima parecía razonable.
Pero Dafne e Iris sabían que no era tan simple.
Fátima no era tan ingenua.
Dafne no dijo nada, esperando en silencio la respuesta de Agustín.
Agustín levantó la mirada para observar a su alrededor, luego miró al suelo.
Fátima, sin entender qué estaba observando, preguntó con expresión confundida: -Hermano, ¿qué pasa?
Agustín respondió con un tono calmado: -Si realmente quieres ver la lluvia de meteoros, puedes hacerlo desde aquí. La vista también es buena, quizás no como desde el mirador, pero deberías poder verla sin problemas.
-¿Ah? -Fátima claramente no esperaba esa respuesta de Agustín.
Mordió su labio, y bajo la luz, su rostro parecía aún más pálido, -Hermano, no quiero quedarme sola aquí mientras todos ustedes van al mirador. Me da miedo.
Agustín permaneció impasible, con una actitud fría y distante, -¿No tienes dos amigas contigo? Que te acompañien. En un rato haré que alguien les traiga algo de comer. Después de la lluvia de meteoros, llamaré a alguien para que te lleve de regreso. Esta noche no deberías pasarla en la montaña
Iris, al escuchar esto, le lanzó una mirada significativa a Dafne.
Esa mirada parecía decir: tu novio es increíble.
Fátima no podia aceptar ese resultado.
Llorando, dijo: -Hermano, ¿por qué no quieres llevarme al mirador? ¿Es porque temes que Dafne se moleste? ¿Dafne es tan celosa? ¿Soy tu hermana y ella incluso se pone celosa de