Capítulo 201
Elia se llevó la mano a la frente con resignación -No puedes seguir así, ella solo te seguirá rechazando. Nadie puede soportar a alguien que haga cosas como esas.
-Sí–le respondió Bruno con una expresión distante-. Ella me dijo que no debería volver a intentar cosas así, doctora, ¿eso significa que todavía le importo?
Elia no siguió su línea de pensamiento, hábilmente desvió la conversación para llevar la mente de Bruno a otro lugar. Con paciencia y persuasión, le brindó una terapia psicológica.
Aquel día, la sesión duró alrededor de cuatro horas. Al finalizar, Elia le dio un consejo sincero. Le sugirió a Bruno que intentara alejarse poco a poco de esa relación, que se distanciara de esa persona en su corazón. Le dijo que debía enfocar su vida en otras cosas y dejar de centrar toda su atención en ella.
Bruno parecía estar de acuerdo, asintiendo con la cabeza levemente al salir, pero en realidad, no había escuchado nada. Alejarse de Dafne era algo imposible para él.
Esa noche, Bruno no podía dormir. Aún vivía en el departamento junto al que era de Dafne, aunque ella ya se había mudado. La noche era serena, sin ningún ruido exterior. Bruno estaba en su cama, sin luz en la habitación, sumido en la oscuridad. Cerró los ojos, pero el rostro de Dafne seguía apareciendo en su mente una y otra vez.
De repente, un hombre con un rostro desagradable invadió sus pensamientos. Agustín le sonreía desafiante mientras tomaba a Dafne por la cintura y la besaba con pasión.
-¡No! ¡No lo hagas! -le gritó Bruno de repente-. ¡No la toques! ¡Suéltala! ¡Aléjate!
En la oscuridad de su habitación, Bruno gritaba como un loco, torturándose con las imágenes de Agustín y Dafne juntos, incluso imaginando escenas de pasión desenfrenada.
-No… Dafne… no… -Bruno se encogía en la cama, y sus llantos contenidos resonaban en la oscuridad.
Un hombre de casi dos metros, estaba reducido a un ovillo, llorando sin consuelo.
Dafne se despertó de su siesta con hambre, y no mucho después, sonó el timbre de la puerta. Se peinó un poco, se puso una chaqueta de piel color crema y, con sus pantuflas de peluche, fue a abrir la puerta.
-Señorita Rosales, buenos días, soy la señora que el Sr. Junco contrató para cocinar para usted.
Afuera, una mujer de casi cincuenta años, vestida con un abrigo negro, la saludaba amablemente.
Dafne dudó un momento -Espere un momento, por favor, voy a verificar.
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Capitulo 201
No podía dejar entrar a una persona desconocida así como así.
-¡Claro, no hay problema! Llame al Sr. Junco, yo esperaré aquí afuera -le respondió la mujer
con una sonrisa.
Dafne llamó a Agustín por teléfono.
-¿Contrataste a alguien para cocinarme?
-Sí, esa señora es la nuera de Isabella. Isabella ya está mayor y no puede ir, pero su nuera aprendió a cocinar como ella. La contraté especialmente para que te cocine, estoy seguro de que te gustará.
Dafne se quedó en silencio por un momento. Aún recordaba a Isabella, la antigua cocinera de la familia Salazar. Rocío, la mamá de Dafne, había aprendido a cocinar con Isabella, y Agustín la había llevado antes a casa de Isabella. En ese entonces, solo conoció a Isabella y a su hijo, pues la nuera no estaba en casa.
No pudo evitar sentirse conmovida por la atención de Agustín, al haber contratado a la nuera de Isabella para ella. Las chicas siempre notan esos detalles.
El corazón de Dafne se sintió suave y dulce como un malvavisco.
-Está bien, ya entendí.
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