Capítulo 305
Dafne abrió la puerta del asiento del conductor, se sentó, se abrochó el cinturón de seguridad y sacó su teléfono para hacer una llamada.
-Ayúdame a obtener los registros internos del Grupo García.
Sus ojos reflejaban una frialdad distante, y sus dedos agarraban el volante con firmeza.
-Además, encuentra un detective privado confiable, quiero investigar a Bruno.
-Como ordene, señorita.
Colgó el teléfono y lo dejó en el asiento del copiloto, pisó el acelerador y se fue en su coche.
La noche caía y las luces de la ciudad empezaban a brillar.
Durante la hora pico, las carreteras estaban tan congestionadas que no había espacio para moverse, y su Rolls Royce negro se escondía en la interminable fila de tráfico.
El tráfico era desesperante y estresaba a cualquiera.
En ese momento, sonó el teléfono y Dafne lo miró.
Era una llamada de Agustín.
Después de su ruptura, Dafne aún conservaba el número de Agustín, aunque hacía mucho que no aparecía en su historial de llamadas.
Inicialmente, no tenía intención de responderle, pero pensó que podría estar relacionado con Jana y, tras un momento de duda, contestó la llamada.
Con un tono de voz distante y frío, le dijo -Dime, ¿qué necesitas?
-La policía acaba de llamar. Dicen que ya están coordinando con las autoridades de Aquilinia para elaborar un plan para rescatar a Jana.
El corazón de Dafne dio un vuelco y su respiración se aceleró. -¿Tienen confianza en lograrlo?
Agustín hizo una pausa, y su fría voz se escuchó a través del teléfono. -Sobre eso, la policía no puede dar garantías.
Dafne lo sabía bien.
Pero cuando la vida de su hermana estaba en juego, no podía evitar preguntar eso.
Después de un momento de silencio, le Dafne preguntó de nuevo:
-¿Hay algo más?
Agustín dudó un instante, y su voz ligeramente ronca llegó a través del teléfono. -Dafi, yo…
Dafne intuyó que lo que Agustín iba a decir no tenía relación con Jana, por lo que le dijo -Si no hay nada más, voy a colgar.
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-Espera -intervino rápidamente Agustín-. Dafi, lo siento mucho por lo que mi abuela te dijo en mi casa. Me disculpo en su nombre.
Dafne guardó silencio.
Miró a través del parabrisas hacia la interminable fila de autos, con sus pensamientos dispersos.
Sería una mentira decir que no le afectaron las palabras de Paula.
Agustín también guardaba silencio.
Parecía estar esperando su respuesta.
El aire se sentía pesado.
Dafne bajó un poco la ventana para dejar que el aire circulara.
El viento frío del exterior la ayudó a respirar mejor, aliviando la opresión en su pecho.
Tras un momento, Dafne le dijo, fingiendo estar despreocupada.
-No hace falta, de todas formas nunca pensé en volver contigo.
Dicho esto, sin esperar a que Agustín le respondiera, colgó el teléfono.
Él no volvió a llamarla.
Cuando llegó a la mansión de su familia, ya eran las nueve de la noche.
Baltasar estaba en el hospital con Clara, y como Jana no estaba allí, la enorme mansión estaba fría y desolada.
El Rolls Royce entró en el garaje subterráneo.
Dafne aparcó el coche, tomó las llaves y subió en el ascensor hasta la sala de estar en el primer piso.
La ama de llaves estaba fregando el suelo en la sala de estar. Al ver que Dafne regresaba, le sonrió y la saludó:
-Srta. Rosales, ¿ya cenó?
Dafne asintió con la cabeza, recordando a Clara en el hospital, y le preguntó:
-¿Clara ya cenó? ¿Alguien le ha llevado comida?
La ama de llaves le respondió:
-Sí, el señor contrató a una cocinera para que le prepare su comida en el hospital.
-Bien–Dafne se giró para subir las escaleras-. Tú también descansa temprano.
De vuelta en su habitación, Dafne se quedó un rato junto a la ventana, dejando su mente en
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blanco.
Pensando en la situación de su hermana, Dafne sentía una mezcla de angustia y dolor.
Agustín le había dicho que la policía ya estaba trabajando en un plan para rescatar a Jana. Dafne quería llamar para preguntarle por los avances, pero al ver la hora, decidió no hacerlo, seguramente la policía ya habría terminado su jornada.
Dafne se quedó un momento perdida en sus pensamientos. De repente, algo le vino a la mente y, con un sobresalto en el corazón, abrió una gaveta.
Dentro había un dibujo.
Los ojos de Dafne reflejaron un profundo dolor mientras extendía la mano temblorosa para tomar el dibujo.
Era un dibujo de Jana.
En la pintura se veía a su familia feliz.
Baltasar y Clara estaban a cada lado, y en el centro estaban Dafne y Jana, todos tomados de la mano, irradiando felicidad y armonía.
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