Capítulo 309
Macarena despertó con una sonrisa y abrió Twitter, esperando ver a su ejército de seguidores atacando a Dafne.
Sin embargo, buscó durante un buen rato y no encontró las publicaciones en los que sus seguidores atacaban a Dafne.
Desconcertada, Macarena abrió Tik Tok y, de repente, sus ojos se agrandaron.
¡Su cuenta había sido suspendida permanentemente!
¿Cómo podía ser…?
Pensó en llamar a Bruno y pedirle ayuda, pero en ese momento se dio cuenta que tenía varias llamadas perdidas de él.
Macarena rápidamente marcó su número.
-Hola, Bruno, yo…
Macarena no pudo terminar de hablar antes de que Bruno la interrumpiera con voz dura.
-¡Macarena! ¡Mira lo que has hecho! -Bruno estaba furioso-. ¿Cómo te atreves a difamar a Dafne en internet? ¿Acaso no sabes quién es realmente la amante? ¿Eh?
Macarena se quedó sin palabras. -Yo…
Bruno le replicó fríamente: -El bufete de Dafne ya te ha enviado una demanda judicial. No te voy a ayudarte en esto, resuelve tu problema por tu cuenta.
Y con eso, Bruno colgó abruptamente.
Macarena quedó atónita.
Espera, ¿una demanda judicial?
Rápidamente revisó Twitter, y finalmente vio una carta del bufete de Dafne que la acusaba de difamación.
Apresuradamente buscó en internet las consecuencias legales de la difamación.
Lo que encontró la dejó pálida.
Resulta que la difamación es un delito y podría llevarla a la cárcel.
Eso significaba que si la demanda del bufete de Dafne procedía, y el tribunal la encontraba culpable de difamación, podría terminar en prisión.
No podía quedarse de brazos cruzados…
Cuando llegó el horario laboral, Dafne llamó a la policía para preguntarle sobre el rescate de
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Capitulo 309
Jana.
El oficial de turno solo dijo que el caso era muy complicado y que el plan de rescate no era fácil de elaborar, además le pidió paciencia y le aseguró que le informarían cualquier novedad de
inmediato.
Dafne colgó el teléfono, sus hombros se desplomaron como un globo desinflado.
Pronto llegó el lunes, y Dafne tenía que ir al bufete a trabajar.
El bufete estaba en sus primeras etapas de desarrollo, y como gerente y propietaria, no podía permitirse el menor descuido.
Después de trabajar durante dos horas, la recepcionista llamó a la puerta de la oficina de Dafne.
-Adelante.
La recepcionista abrió la puerta. -Srta. Rosales, alguien la busca.
-De acuerdo, iré enseguida.
Dafne entró en la sala de reuniones, y se topó con ese hombre muy conocido para ella.
Su traje gris oscuro, perfectamente arreglado, resaltaba las líneas de su cuerpo, sus hombros anchos y cintura estrecha, una presencia tan imponente que solo su silueta podía hacer que uno se perdiera en ella.
-¿Qué haces aquí? -Dafne frunció el ceño-. Sr. Junco, por favor no interrumpa mi trabajo.
Agustín bajó la mirada. -Dafı, ya me enteré de lo de las difamaciones, ¿estás bien?
Dafne se dio la vuelta.
Dafne lo miró con frialdad. -Estoy perfectamente bien, no te preocupes.
Agustín guardó silencio por un momento y luego le dijo: -Ya hablé con los moderadores de la plataforma, la cuenta de Macarena ha sido suspendida permanentemente.
-Muchas gracias.
Agustín se quedó en silencio.
-Si no tienes nada más que decir, puedes irte. Estoy ocupada y no tengo tiempo para ti, adiós. -Dafne soltó esas palabras y se dio la vuelta para irse.
-Dafi, escucha… -Agustín se levantó rápidamente para seguirla.
Al salir de la sala de reuniones, la recepcionista se acercó de nuevo a Dafne. -Srta. Rosales, hay otra persona que la busca.
-¿Quién es? -le preguntó Dafne.
-¿Es usted la Srta. Rosales? -preguntó un hombre con gafas, mirando a Dafne.
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Dafne asintió. -Sí, soy yo, ¿en qué puedo ayudarle?
-¡Dafi, cuidado! -la voz de Agustín resonó detrás de ella.
En un instante, Agustín tiró de Dafne hacia él.
El hombre de las gafas le lanzó un chorro de líquido incoloro y transparente hacia el rostro de Dafne.
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