Capítulo 314
Dafne no necesitaba involucrarse personalmente en el asunto de destruir la empresa de la familia Caldera. Solo tenía que buscar a otras personas, y no faltarían quienes quisieran hacer el trabajo por ella para ganar el favor de la familia Rosales.
Por la tarde, Dafne fue al hospital. Clara seguía deprimida, con el rostro pálido y demacrado, y con grandes ojeras bajo los ojos. Baltasar había regresado a la empresa para atender algunos asuntos, dejando a Clara sola con la cuidadora.
-Dafi, ¿hay noticias de Jana? -le preguntó Clara, con los ojos llenos de lágrimas al mencionar
a Jana.
Dafne negó con la cabeza en silencio. Las lágrimas de Clara comenzaron a caer sin control, mientras sollozaba. Dafne, sintiendo el dolor de su hermana, también se sentía profundamente afectada. Intentó consolar a Clara, pero no pudo.
-Señora, por favor descanse bien, no se preocupe tanto, tiene que cuidar su salud. Volveré a verla mañana -le dijo Dafne antes de darse media vuelta y salir.
Después de salir del hospital, Dafne se dirigió a la comisaría. La situación seguía igual, el caso de secuestro de Jana involucraba delitos transnacionales y la captura era difícil. La policía seguía trabajando intensamente y prometió informarle a Dafne de cualquier avance.
Desilusionada, Dafne salió de la comisaría y vagó por las calles, perdida en sus pensamientos. Las imágenes de la pesadilla de la noche anterior irrumpieron en su mente: Jana atada a una silla, mientras Tristán le rociaba gasolina. Era algo que ese loco de Tristán definitivamente sería capaz de hacer.
Pensar en la difícil situación de Jana hizo que Dafne temblara involuntariamente, palideciendo de miedo. No se atrevía a seguir pensando en eso.
En ese momento, una mujer la interceptó en la calle, insultándola sin piedad.
-¡Sinvergüenza! ¿Tan desesperada estás por seducir al novio de alguien? ¿Tus padres no te enseñaron a tener moral? -le gritó la mujer.
-¿Tienes cara zorra, de una ramera que se dedica a seducir hombres! -continuó la mujer con sus insultos.
La ira de Dafne estalló de inmediato, su mirada era afilada como un cuchillo. -¿Otra fanática estúpida de Macarena? ¿Te crees todo lo que ella dice? Me pregunto cómo alguien con un cerebro tan pequeño como el tuyo ha sobrevivido hasta ahora.
La mujer, enfurecida por las palabras de Dafne, le gritó: -¡Zorra! ¡Eres una desgraciada, maldita sea tu madre!
¡Paf! -Antes de que pudiera terminar, Dafne le propinó una bofetada contundente.
La mujer se quedó pasmada. No podía creer que esta mujer, que parecía frágil y sin fuerza, se atreviera a abofetearla, a ella, que era tan robusta.
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16.10
Los ojos de Dafne estaban inyectados de sangre, llenos de ira y determinación. Si te atreves a insultar a mi madre de nuevo, acabaré contigo.
El terror en los ojos de Dafne era tan palpable que la mujer, que hasta hace poco estaba lanzando insultos, de repente se acobardó. Podía ver claramente la furia y la intención asesina en los ojos de Dafne.
Tenía el presentimiento de que si volvía a pronunciar otro insulto sobre la madre de Dafne, esta mujer no dudaría en matarla.
La fanática de Macarena temblaba de miedo, consciente de que no valía la pena arriesgar su vida. Intentó huir, pero dos hombres de negro le bloquearon el camino.
La mirada de Dafne era afilada como un cuchillo, su expresión sombría, y el aire a su alrededor parecía impregnado de una frialdad glacial.
Un guardaespaldas le dio una patada, haciendo que la mujer cayera al suelo de rodillas.
-Pídeme disculpas le dijo Dafne con un brillo penetrante en sus oscuros ojos.
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