Capítulo 335
Media hora después.
Samuel quería decirle a Agustín que ya era casi el momento, que Fátima estaba a punto de no poder aguantar más.
-¿De verdad quieres que Fátima muera aquí hoy, señor? -le preguntó Samuel, mirando a Agustín con una expresión de duda.
No es que sintiera compasión por Fátima. Ella tenía un corazón despiadado y había matado a varias personas. Lo que estaba sufriendo hoy ni siquiera se comparaba con lo que ella les había hecho a personas inocentes.
Pero si Fátima moría hoy a manos de Agustín, sería difícil explicárselo a Miguel y a Paula.
Agustín permanecía impasible, sin ninguna intención de detenerse.
Samuel no podía descifrar lo que Agustín realmente quería hacer. Sabía lo importante que era Dafne para Agustín. No dudaba que Agustín torturaría a Fátima hasta la muerte para vengar a Dafne.
Pero si eso sucedía, ¿cómo lo explicarían al sus abuelos?
Fátima era la hija adoptiva de la familia Junco, y Paula la amaba mucho. Era obvio que, según Miguel y Paula, incluso si Fátima había cometido crímenes, debería ser entregada a las autoridades.
Samuel pensó que Agustín iba a dejar morir a Fátima en esa fría noche nevada. Sin embargo, en el siguiente instante, Agustín le hizo un gesto.
Samuel lo entendió de inmediato y le dijo por el transmisor: -Está bien, deténganse.
El helicóptero descendió lentamente.
Fátima estaba tan congelada que su rostro estaba morado, sus labios negros y sus pestañas y cabello cubiertos de escarcha. Quedó tirada en el suelo, inmóvil, sin signos de vida.
Agustín le ordenó fríamente a Samuel: -Busca a los médicos, no dejes que muera tan fácilmente.
-Claro, joven.
Fátima fue reanimada y la dejaron tendida en una habitación del hospital de la base. Aunque la habían salvado, se encontraba en un estado lamentable.
Al día siguiente, Agustín regresó a la casa de su familia.
Elsa estaba en la sala tomando café. Al ver a Agustín, le preguntó intrigada: -Agustín, ¿por qué has vuelto?
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Capitulo 335
Agustín se sentó en el sofá, cruzando sus largas piernas con despreocupación frente a él, y le preguntó a Elsa: -¿Mi padre no ha regresado aún?
Elsa miró a Agustín. -¿Tienes algo que hablar con tu padre?
-Sí–le respondió Agustín con calma-. Le acabo de llamar, debería estar llegando pronto.
Elsa le preguntó: -¿De qué se trata?
Agustín, con expresión tranquila y voz serena, respondió: -Sobre expulsar a Fátima de la familia.
-¿Han atrapado a Fátima? -Elsa abrió los ojos sorprendida-. ¿Cuándo ocurrió?
Hace unos días, Elsa casi se desmayó de la ira cuando supo que Fátima trabajaba para Tristán. Estaba decidida a castigar a Fátima ella misma antes de entregarla a Miguel para su disposición. Pero las personas enviadas a capturar a Fátima informaron que había escapado.
Paula se negaba a creer que su querida nieta estaba ayudando a Tristán contra la familia, lo que le provocó un ataque cardíaco y estuvo ingresada en un hospital durante unos días. Ayer apenas había sido dada de alta.
-La atraparon ayer en Aquilinia.
Elsa se sorprendió aún más. -¿Ya le dijiste de esto a tus abuelos?
-Sí, el abuelo no pudo regresar, dijo que me encargara yo de todo. A la abuela también se le
notificó.
Elsa suspiró. -Tu abuela apenas salió del hospital, y notificarle… -Hizo una pausa, frunciendo el ceño antes de continuar-: Siempre ha consentido a Fátima, seguramente intentará protegerla a toda costa.
Agustín esbozó una sonrisa fría y le dijo: -¿Consentirla? No importa. Lo que yo decida hacer con Fátima, ni la abuela podrá cambiarlo.
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