Capítulo 4
Debido al calor extremo, el cadáver estaba ya llevado de la descomposición, solo quedaban abiertos un par de ojos, grandes, testigos del horro e incapaces de cerrarse.
Como ya estaba en estado de descomposición los gusanos blancos abundaban. Por eso abrir la puerta del auto, se despertaron las moscas posadas sobre el cadáver, llenando el aire con su zumbido incesante de su revolotear.
-¡Que porquería huele!
Varios empleados corrieron a un lado y le dieron ganas de vomitar, incapaces de mirar tal espectáculo dantesco.
Papá se adelantó y, al ver mi cadáver, se llenó de ira. Luego, gritó:
-¿Dónde está Camila? ¡Esta no es Camila! ¡Qu
salga de inmediato!
Él fijó su mirada en esa cara ya descompuesta. Por alguna razón, la frente era la parte más dañada, dejando el blanco de mi cráneo al descubierto.
En ese momento, incluso yo no podía creer que semejante cara dantesca era mi en otrora bonita cara
El mayordomo finalmente explotó y dijo en voz alta:
Señor, está en efecto la señorita Camila. Ya está muerta.
Papá lo fulminó con la mirada y gritó:
-¡Viejo estúpido! ¿Estás loco o qué? ¡Esto no se parece en nada a Camila! ¡Esto es otro de sus shows!
-Señor, ella ya lleva ocho días encerrada. Aun ni ironman pudiera resistir a tanta tortura.
-¡Mentiras! ¿No hubo alguien que le llevaba comida? ¡No me engañes, ella no puede estar muerta!
Sí, de hecho, el primer día que estuve encerrada alguien me trajo comida. Fue Ana, la empleada doméstica con quien tenía la mejor relación en esta casa. Pero al día siguiente, ya no hubo nadie que se atreviera a cometer el crimen de salvar mi vida.
Papá, fuiste tú quien despidió personalmente a Ana. ¿Ya lo olvidaste?
Cuando todos vieron que Ana fue despedida por traerme comida, incluso quienes querían ayudarme ni se
asomaron.
En los siguientes siete días, no comí ni bebí. Con las manos y pies atados, lo único que podía mover eran mis ojos en desesperación.
El calor me hacía desmayarme, y la sed me despertaba.
Así una y otra vez, no sé cuánto tiempo pasó. Finalmente, no pude más y solté mi último aliento.
Antes de morir, deseé que todos los que me hicieron daño acabaran incluso peor que yo.
-¡Ah!
Un grito agudo rompió la tensa y trémula atmósfera del garaje.
Papá volteó la cabeza y vio a Valeria pálida llevándose las manos al vientre.
Se acercó rápidamente y la sostuvo:
-¿Te encuentras bien?
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Capitulo 4
Alejandro, me duele mucho el vientre. ¿Y si algo le pasa a nuestro bebé? ¿Por qué Camila hizo esto con el malétero? Qué susto tan horrible.
La atención de Papá se desvió por completo. Con una mano le acarició suavemente el vientre y dijo:
-No pasará nada. Vamos al hospital de inmediato. Nuestro hijo estará bien.
Mientras hablaba, la ayudaba a salir lo más rápido posible, mientras caminaba seguía insultando a su hija:
-¡Maldita mocosa! Haciendo estas cosas tan asquerosas. ¡Asustó a su hermano! Si algo le pasa a mi hijo, ¡lo va a pagar caro!
-¡Limpien todo esto de inmediato! ¡No quiero verlo nunca más!
Los dos salieron rápidamente, mientras Sofía, que estaba detrás, los miraba pensativa.
Me acerqué a ella, sabiendo que no podía escucharme, pero aun así dije con malicia:
-Tu mamá ya no te quiere. Ahora quiere tener un hijo con mi papá. Tú no eres más que un estorbo.
Capitulo
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