Capítulo 345
Castulo seguía sin prestarle atención y en ese momento, alguien se acercó para saludarlo.
La persona también conocía a Paulina y a Jaime, por lo que los cuatro comenzaron a charlar y Alicia fue dejada de lado, sin que nadie la atendiera, y su expresión se volvió cada vez más incómoda, por lo
que decidió retirarse con dificultad.
Al otro lado, Alfredo miró hacia donde estaba Castulo y comentó: “La relación de Castulo con ellos parece estar mejorando.”
Ese “ellos” se refería, naturalmente, a Paulina y Jaime.
Mercedez también lo pensaba así, después de todo, si Castulo y Jaime solo tuvieran una relación de negocios, en un evento como ese, bastaría con saludarse y conversar brevemente, pero en ese momento, Castulo estaba charlando bastante con Jaime y Paulina.
Parecía que Castulo, Jaime y Paulina estaban mostrando signos de convertirse en amigos.
Por supuesto, en su opinión, Castulo se haría amigo de Jaime porque este último realmente merecía ser conocido, en cuanto a lo demás, solò era una adición.
Armando, al escuchar eso, también miró a Paulina y compañía, pero no expresó nada.
Mercedez apartó la vista y entonces vio a Teófilo apareciendo en el salón de eventos.
Armando siguió su mirada y también lo vio.
Teófilo estaba vestido de manera formal, luciendo aún más imponente y atractivo que de costumbre.
Cuando Mercedez lo miró, Teófilo también la vio a ella y Armando.
Al notar su mirada, Mercedez sonrió y estaba a punto de dirigirse hacia Teófilo, pero él desvió la mirada y entró al salón con sus amigos.
Mercedez, al verlo, detuvo sus pasos, sonrió con resignación y le comentó a Armando: “Aún debe estar molesto porque le conté a su familia sobre su paradero. Antes lo llamé y no contestó, y ahora que lo veo, ni siquiera me saluda.”
Armando respondió: “El Sr. Cruz es joven, es normal que tenga un poco de carácter.”
Mercedez también lo veía de esa manera.
Lo que Mercedez y Armando pensaban, Teófilo no lo sabía.
Después de que Teófilo entró al salón, justo cuando iba a saludar al anfitrión del evento, giró la cabeza y vio a Paulina y Jaime.
Él apretó levemente la copa que sostenía, pues no sabía que Paulina y Jaime también asistirían a la velada de aquella noche.
Paulina llevaba un vestido largo ajustado de color azul claro con detalles florales, lo que
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realzaba su serena y fría presencia, haciéndola lucir impecable y deslumbrante.
Era la primera vez que Teófilo veía a Paulina en un atuendo de gala.
Teófilo observó a Paulina durante un buen rato, sin poder apartar la mirada de ella.
Su amigo, al notar su distracción, siguió su mirada y, al ver a Paulina, también quedó impresionado y exclamó: “¡Guau, qué hermosa! ¿Quién es?”
Teófilo volvió en sí y respondió: “Paulina.”
“¿Paulina? ¿Ella es Paulina? ¿Tan hermosa?” Indagó el amigo de Teófilo con asombro, pero este no le respondió, en cambio, dejó su copa y se dirigió hacia Paulina y Jaime: “Sr. Jaime, Srta. Paulina.”
Paulina y Jaime se giraron, sorprendidos de ver también a Teófilo, ya que no esperaban que él también asistiera a la velada.
Paulina y Jaime asintieron con la cabeza a modo de saludo.
Castulo se giró para ver a Teófilo y preguntó: “¿Quién es él?”
Jaime respondió: “Este es el Sr. Cruz.”
Luego, brevemente explicó la identidad de Teófilo y presentó: “Sr. Cruz, él es el Sr. Castulo.”
Cástulo recordaba que anteriormente en Fuente de la Felicidad sí había una familia de apellido Cruz y después de escuchar a Jaime, saludó a Teófilo, diciendo: “Sr. Cruz.”
Teófilo le devolvió el saludo a Cástulo y comenzaron a charlar entre ellos.
Durante la conversación, la mirada de Teófilo se deslizaba de vez en cuando hacia Paulina. Además, la forma en que miraba a Paulina era…
Al notar eso, Cástulo detuvo momentáneamente la mano con la que sostenía su copa, apretó los labios y miró a Teófilo, el cual se dio cuenta de su mirada y también lo observó a él.
Cuando sus miradas se cruzaron, ambos comprendieron sus respectivos sentimientos hacia Paulina y repentinamente se quedaron en silencio.
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