Capítulo 92
“Abuela,” Paulina la interrumpió con un tono sereno, “no hay problema, si Armando está ocupado, Josie y yo podemos devolvernos“.
“Pero…”
Paulina dijo esto no queriendo forzar la situación pues ya no le importaba.
Pero la anciana pensaba que ella lo decía para no incomodar a Armando.
Al ver que Paulina aún era tan considerada y complaciente con Armando, la anciana se sentía dolida y a la vez impotente.
Después de desayunar y charlar un rato, Paulina se preparó para llevarse a Josefina.
La abuela había preparado muchos regalos para que Paulina se los llevara a su amiga y no pudo rechazarlos.
Armando que aún no se había ido, acompañó a la anciana a despedir a ella
y a Josefina.
Josefina se acercó para abrazar las piernas de Armando: “¿Papá volverás a casa esta noche?”
Armando le revolvió el cabello: “Sí“.
Entre Paulina y Armando, no hubo comunicación durante todo el proceso.
Después de que Josefina subió al auto, Paulina le hizo un gesto de despedida a la abuela y se fue manejando.
En el espejo retrovisor, vio a Armando y a la anciana parados allí, viendo cómo su auto se alejaba.
Al llegar a la casa de la familia Romo, Paulina parqueó el auto en el patio de la villa, donde la anciana y su tía Fernanda salieron a recibirlas.
Al ver que el baúl del auto de Paulina estaba lleno de regalos, la anciana frunció el ceño: “¿Por qué trajiste tantas cosas?”
“La abuela me pidió que te las trajera“.
Desde que Paulina y Armando se casaron, la relación entre la abuela Romo y la abuela Frias se había vuelto menos cercana que antes.
Al oír esto, la abuela Romo resopló, sin decir nada más.
Paulina notó que la villa de enfrente estaba siendo remodelada y cambió el tema preguntando: “¿Alguien se va a mudar ahí?”
“Parece que sí, empezaron a remodelar la semana pasada, y según los trabajadores, el dueño quiere mudarse pronto. Mira, en tan poco tiempo, ya casi han terminado de renovar esa gran villa, probablemente llegaran pronto“.
Capitulo 92
Esta era una zona de villas antiguas, donde todos habían vivido juntos por más de una década, y se conocían bastante bien.
Ahora que alguien se mudaba justo enfrente de ellos, la tía Fernanda, mientras ayudaba a cargar las cosas, dijo: “Espero que el nuevo vecino sea bueno“.
Si no era así, la convivencia podría ser complicada.
Una vez dentro de la casa, Fernanda le sirvió a Paulina un buen tazón de caldo de pollo que había preparado especialmente para ella: “Escuché que últimamente has estado muy enferma, este caldo de pollo lo hice especialmente para ti, llévate algo esta noche, para que te lo
calienten en casa“.
Paulina tomó el tazón: “Gracias, tía“.
El tío de Paulina, David, estaba ocupado con el trabajo y no regresó hasta la cena.
Recordando que Jaime, por ella, impidiera que Mercedez trabajara en La Conquista Comercial y fue vengada por Armando, haciendo en que David perdiera un proyecto, Paulina se sentía muy culpable.
“Tío, lo siento por lo de la última vez“.
“No importa, eso ya pasó,” David restó importancia: “Como dije antes, incluso sin la familia Lobos, con la situación actual del Grupo Romo, no podríamos haber manejado ese proyecto. No es tu culpa“.
Era algo que definitivamente no podían dejar que la anciana supiera, porque si ella se enteraba de que Armando había ayudado a Mercedez a maltratar a su familia Romo, probablemente se
enfurecería.
Al ver que la anciana se acercaba, David le dio un toque a Paulina, indicándole que cambiara el
tema.