Capítulo 242
El ambiente en el restaurante se tensó de manera sutil pero innegable. Mathieu observaba la escena con una mezcla de confusión e inquietud, alternando su mirada entre el rostro impasible de Esteban y la aparente inocencia de Isabel. Un escalofrío le recorrió la espalda al notar la mirada implacable de Esteban, esa que prometía consecuencias dolorosas si se atrevía a pronunciar una palabra más.
—No es nada, ¡usa ese cerebro con el que ganaste siete millones de pesos! -resonó la voz de Isabel.
Mathieu sintió que algo no encajaba en toda esta situación. Sus piernas comenzaron a temblar imperceptiblemente bajo la mesa.
Isabel se inclinó ligeramente hacia adelante. Sus labios se curvaron en una sonrisa sarcástica.
-Tú eres el que no tiene cerebro.
Mathieu tragó saliva. El sudor frío comenzaba a perlar su frente.
-Sí, no tengo cerebro -admitió, prefiriendo mil veces reconocer su falta de inteligencia que enfrentarse a la ira apenas contenida de Esteban.
La conversación dio un giro hacia temas más seguros. Los hombres comenzaron a discutir sobre negocios, la junta próxima y los movimientos recientes de las grandes familias francesas. Isabel, sentada junto a Esteban, comía con delicadeza cada platillo que él le servía. Sus gestos suaves y obedientes contrastaban con la fiereza que había mostrado momentos
antes.
De pronto, el murmullo de voces alteradas proveniente del pasillo interrumpió la aparente
calma del momento.
-¿Cómo es que todo es culpa mía? -La voz indignada de Carmen resonaba con fuerza. Tú también eres su padre, ¿no?
Isabel levantó la vista instintivamente hacia la entrada. Su mano se tensó alrededor del cubierto que sostenía mientras observaba entrar a Carmen y Patricio, seguidos por Sebastián y José Alejandro. El rostro de Sebastián mostraba una clara perturbación.
-Siempre he estado ocupado con los asuntos de la empresa -contraatacó Patricio, su voz cargada de fastidio-. ¿No se supone que tú deberías encargarte de los asuntos de casa?
Carmen apretó los labios, sus ojos brillando con indignación.
-Soy yo quien se encarga, pero cada vez que hay algo sobre ella, ¿no te lo informo? ¿Y cuándo has tenido alguna objeción?
Los hombros de Patricio se tensaron visiblemente.
-Entonces, ¿qué hacemos ahora? No podemos contactarla por teléfono, y Sebas dice que ahora está involucrada con la gente de la familia Blan… -Su voz se cortó abruptamente al
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detectar la presencia de Isabel.
Isabel mantuvo su mirada fija en su plato, ignorando deliberadamente la presencia de su familia biológica. El ambiente se volvió denso, casi irrespirable.
-¿lsa? La voz de Patricio sonó extrañamente vulnerable.
Carmen siguió la mirada de su esposo, sus ojos abriéndose con sorpresa al reconocer a su hija. Sebastián, por su parte, se quedó paralizado. Sus puños se cerraron instintivamente al verla sentada junto a Esteban, tan cerca, tan íntima. La familiaridad entre ellos le provocó una punzada de algo que se negaba a reconocer como celos.
Patricio dio un paso adelante.
-Isa, eso…
Con un simple gesto de Esteban, Lorenzo se interpuso entre Patricio e Isabel. La tensión en el aire era asfixiante.
Esteban bajó la mirada hacia Isabel. Su voz, suave como terciopelo, contrastaba con la dureza de sus ojos.
-¿Terminaste de comer?
Isabel asintió con suavidad.
-Sí.
-Entonces vámonos.
La desesperación se reflejó en el rostro de Patricio.
-¡lsa, papá quiere hablar contigo! -Su voz sonó más como una súplica que como una orden.
Esteban ya había tomado la mano de Isabel con delicadeza pero firmeza. Ninguno de los dos se dignó a mirar a Patricio.
Sebastián, que había estado buscando precisamente a Esteban, dio un paso al frente.
-Señor Allende, necesitamos hablar -Su voz traicionaba su frustración al ver a Isabel. La imagen de su mano entrelazada con la de Esteban le provocó una oleada de rabia que apenas logró contener.
Esteban le dedicó una mirada glacial. El intercambio silencioso entre ambos hombres hizo que el aire se congelara.
Una sonrisa burlona apareció en los labios de Esteban mientras miraba a Isabel.
-¿Estás cansada, Isa?
-Sí -respondió ella con suavidad, inclinando ligeramente la cabeza.
La respiración de Sebastián se volvió irregular mientras observaba a Isabel. Su mente intentaba procesar lo que estaba presenciando.
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Capitulo 242
-Entonces vámonos, es hora de descansar -declaró Esteban con un tono que no admitía réplica.
Sebastián permaneció inmóvil, su mente un torbellino de pensamientos confusos. “¿Qué tiene que ver Isabel con lo cansado que estoy por los negocios?“, se preguntaba, incapaz de comprender la dinámica que presenciaba.
Carmen y Patricio observaban la escena con una mezcla de asombro y preocupación. La conclusión los golpeó como una bofetada: aquella Isabel a quien solían menospreciar ahora tenía el poder de causarles pérdidas millonarias con tan solo unas palabras.