Capítulo 396
A pesar de que Verónica intentaba con todas sus fuerzas estabilizar sus emociones, su cuerpo aún no se reponía del todo y temblaba sin control.
Ramón cubrió su mano con la suya.
Verónica bebió unos sorbos pequeños y poco a poco su ánimo comenzó a calmarse.
“Ramón, quiero ver a Pilar.”
“Está bien.”
Ramón respondió con voz suave y se levantó para poner la proyección.
Pronto, la imagen de Pilar apareció en la pantalla.
Desde su nacimiento, cuando aún era un bebé pequeño y frágil, acostada en su cuna con su piel suave y blanca, y esos ojos grandes y oscuros como uvas, observando el mundo con
curiosidad.
Creció poco a poco.
Aprendió a caminar tambaleándose, cayendo una y otra vez, siempre terminando en los brazos
de Verónica.
Su primera vez diciendo “mamá“…
Cuando Pilar recién falleció, Verónica no podía soportar ver estos videos, el dolor era demasiado.
Pero en aquel momento, se habían convertido en su único sostén emocional. Los veía casi
todos los días.
Esa noche, los repitió una y otra vez hasta que, finalmente, en medio de las dulces voces de Pilar llamándola “mamá“, cerró los ojos. Como si Pilar aún estuviera allí, como si nunca la hubiera dejado.
Verónica tenía un sueño ligero. Ramón, en lugar de llevarla a la habitación, simplemente acomodó su postura con cuidado, tomó una manta y la cubrió con ella. Luego, se levantó y apagó el proyector.
En ese momento, un mensaje de Adolfo apareció en la pantalla de su teléfono. Había visto que la sala estaba a oscuras y preguntaba por el estado de Verónica.
Ramón respondió de manera breve: “Está dormida.”
Adolfo: “Gracias.”
Ramón: “Entre Verónica y yo, no es asunto tuyo dar las gracias.”
Después de enviar el mensaje, arrojó el teléfono a un lado.
Capítulo 396
Verónica no estaba bien hoy, y Ramón no se sentía tranquilo dejándola sola. Así que improvisó un lugar para dormir en la alfombra y se quedó a su lado.
Zulma recibió una llamada de Yesenia mientras estaba en el hospital.
“Mamá, me siento fatal.”
Apenas terminó de decir eso, Yesenia comenzó a vomitar otra vez.
“Aguanta.” La voz de Zulma sonó fría a través del teléfono.
“Mamá, de verdad me siento muy mal… ¿Puedo llamar a papá?”
“¡No puedes!”
El tono de Zulma se volvió aún más duro.
“Yesenia, ¿quieres arruinarme? Si no quieres que siga siendo tu madre ni que Adolfo sea tu padre, entonces llámalo ahora mismo.”
Yesenia, al escuchar esa respuesta, de inmediato contuvo su malestar y dijo con voz
temblorosa:
“Mamá, ya no me siento mal, haré lo que tú digas.”
“Eso está bien.”
Zulma le dio unas palabras de consuelo sin mucho interés y colgó la llamada.
Javier acababa de voltear la situación en contra de Verónica. Si Adolfo llegaba a enterarse de que, en ese preciso momento, Yesenia estaba sufriendo un rechazo del riñón
trasplantado…Sería demasiada coincidencia. Podría hacer que Adolfo sospechara que ella había presionado a Javier.
No podía permitirse ese riesgo. Tenía que ganar tiempo.
Tras pasar una noche en el hospital, a la mañana siguiente Zulma llamó a Adolfo para que la recogiera.
Adolfo, sin embargo, no se había ido. Había pasado toda la noche afuera del edificio de Verónica. Cuando recibió la llamada de Zulma, Verónica y Ramón bajaban juntos por las
escaleras.
Al verla, Adolfo simplemente dejó caer una frase: “Haré que Joaquín vaya por ti.” Dicho esto, colgó sin darle oportunidad de responder.
“Vero.” Adolfo dio unos pasos hacia ella. “¿A dónde vas? Te llevo.”
Verónica no respondió. Ni siquiera le dirigió una mirada de reojo.
Ramón se interpuso entre ellos, miró a Adolfo con frialdad y dijo con un tono nada amigable:
14:32
“Yo la llevaré.”
Adolfo observó la expresión distante e indiferente de Verónica, pero al final no insistió.
Joaquín llevó a Zulma de regreso a la Mansión Belleza.
Zulma se sentó en su silla de ruedas y le sonrió a Joaquín mientras le agradecía: “Gracias por las molestias, Joaquín.”
“No hay de qué, Srta. Zulma.” Joaquín respondió con cortesía.
Zulma giró su silla de ruedas y avanzó hacia el interior de la mansión. Pero en cuanto se dio la vuelta, su expresión se tornó fría. Era evidente. Joaquín ya no la trataba como antes.
Adolfo acababa de alejarse de ella, y Joaquín de repente había cambiado su actitud.
Regresó a casa con el rostro frío. En su mente solo resonaban las palabras de Adolfo al colgar
el teléfono: Vero.
¿Acaso había pasado toda la noche con Verónica?
Verónica, esa maldita. La había arruinado y aun así pretendía vivir en paz. Todo lo que le estaba pasando, se lo había buscado ella misma.
Había escuchado que había encontrado a su madre biológica. Si tanto valoraba la familia…
Hace dos años, la muerte de Pilar, esa niña despreciable, la había destrozado.
En ese momento, dos años después, si algo le pasaba a su madre biológica, ¿sería capaz de
soportarlo?
Los ojos de Zulma destilaban veneno.