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-Fiona, ¿qué haces aquí tan temprano en la mañana?
-El anciano Alfonso se frotó los ojos con desgano para despedir al sueño, antes de mirar a su hija de nuevo, sin creer del todo que estuviera en su
puerta.
-¿Pasó algo malo? ¿La echó Ewan? -Pero eso era imposible. Ewan nunca
haría tal cosa.
-Entonces algo debe estar mal, como siempre -pensó―. Su hija solo lo visitaba cuando había problemas.
La respuesta de Fiona a la pregunta de su padre fue romper en llanto.
-Alfonso se sobresaltó. Olvidó sus rencores hacia ella en un instante, la atrajo hacia sus brazos -murmurando dulces palabras al oído y la llevó al
salón.
Usó su pierna derecha para cerrar la puerta con un golpe.
-Háblame, Fiona. ¿Cuál es el problema?
Sin embargo, Fiona seguía llorando.
Sus lágrimas y sollozos desgarraban el corazón de su padre. Después de todo, era su única hija y nunca quería verla sufrir. Haría cualquier cosa para
hacerla feliz.
Aun así, echó una mirada al reloj de pie en su salón. Eran apenas las cuatro de la mañana.
Suspiró y palmeó la espalda de Fiona suavemente. -Deja de llorar, mi niña bella, y dime cuál es el problema. No querrás despertar a tu mamá ahora, ¿verdad? Ella solo logró dormir hace dos horas…
Fiona dejó de llorar inmediatamente, sabiendo que si no lo hacía, su padre se irritaría con ella; su esposa era la única ubicada por encima de ella en la
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jerarquía de valores.
A Fiona no le gustaba, especialmente ahora que su madre estaba postrada en cama. La mujer había logrado confinar a su padre en la casa, pero tenía que soportarlo si necesitaba la ayuda de su padre.
-Papá, ¿sabes que Atenea ha vuelto?
-Alfonso inhaló profundamente y exhaló con fuerza -Claro que sabía que la némesis de su hija había regresado.
Había visto el revuelo de noticias en las redes sociales hace unos días.
Todavía era furor.
Había opiniones contrarias sobre ello también —justo como hace seis años –. Solo que ahora, las buenas valoraciones de Atenea estaban en alza. Una underdog convirtiéndose en jefa.
Esas clases de historias generalmente atraían a las masas, a pesar de la creencia de algunos; de que Atenea era una sanguijuela, usando su belleza para engañar a ricos hombres de su riqueza.
-Se preguntó si sería una estrategia –Causar revuelo y aumentar la
valoración social…
Sin embargo, había sabido que era solo cuestión de tiempo antes de que Fiona viniera corriendo. Aunque no había esperado que fuera tan temprano.
¿Para qué estaba Ewan entonces?
-Pensé que Ewan se encargaría de ella, especialmente después de esa fiesta. ¿No lo hizo? -preguntó Alfonso.
Fiona soltó una burla. -Como si fuera a ser así. Él está obsesionado con ella, padre. ¿Sabías que anoche casi me mata porque le pregunté por qué había ido a la casa de Atenea solo?
De lo que Fiona hablaba ahora no era realmente del interés de su padre, no con su esposa en cama enferma, pero no tenía opción más que escuchar.
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Aunque deseaba poder decirle que fuera directa al punto donde le pidiera ayuda.
Aun así… -¿En serio? ¿Lo viste? -preguntó Alfonso.
Fiona frunció el ceño con molestia. -No, pero mis amigas sí.
-Alfonso negó con la cabeza, apoyó la suya en el vértice de la silla de rey hecha especialmente para él, y suspiró. -Tus amigas podrían estar mintiendo, Fiona. Todas quieren a Ewan para ellas, incluidas las casadas. No creo que Ewan sea infiel. Después de todo, por los videos publicados en la
e–red, Atenea está con Zane.
Fiona miró a su padre fijamente como si estuviera loco, y soltó una
carcajada. —¿Crees que te vería sin confirmar mis sospechas? Lo hice, antes de venir aquí. ¡Realmente fue allí!
-Alfonso se frotó la cara con cansancio -Quizás fue a rogarle en cuanto al caso de tu madre. ¿No me dijiste esta mañana que ella había rechazado el caso, y no solo eso, sino el caso de todos en nuestro pueblo? Deberías
confiar en él.
Fiona se quedó sin palabras. ¿Qué le pasaba a su padre?
-Papá, era tarde, alrededor de las 8 p. m. Atenea no acepta clientes después
de su horario laboral… —dijo finalmente Fiona.
Esto fue dicho en voz calmada, como si su padre fuera lento de oído.
Alfonso ignoró su implicación.
–
-¿Le preguntaste acerca del tratamiento de tu madre? ¿Qué dijo Atenea? – preguntó Alfonso.
La boca de Fiona se abrió de asombro.
-¡Papá! -exclamó.
Alfonso no se inmutó.
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-Fiona, Atenea es la única que puede curar a tu madre, y a los muchos que han contraído esta enfermedad maldita. Antes de que comiences a planear cualquier estrategia de nuevo, me gustaría que recordaras eso… —dijo.
-¿Es por eso que no estás sincronizando conmigo? -interrumpió Fiona con filo.
Alfonso asintió.
-Hay casos más importantes en juego ahora, que una vieja rivalidad. Sé que ambas tienen una historia, yo incluido, ya que te ayudé a expulsarla hace
seis años, pero eso es agua pasada.
Un pausa.
-Incluso si ella volvió por problemas, dejemos eso de lado y asegurémonos primero de que tu madre esté sana y salva. Cuando eso se logre, podemos trabajar en formas de expulsarla de nuevo. Deberías saber que eso no es un problema para mí, Fiona. Pero lo primero es lo primero.
Alfonso sonrió astutamente.
-Entonces, mi amada hija, te disculparás con la Doctora Atenea y la convencerás de tratar a tu madre y al pueblo. Cuando ella acepte y se ponga a trabajar, la atacaremos desde diversos ángulos. No podrá esquivar las balas, te lo prometo.
Fiona se sintió feliz, por primera vez desde que Atenea regresó. Finalmente entendió a su padre. Utilizarían a Atenea por sus servicios y luego la expulsarían de nuevo.
Pero Fiona no tenía en mente el destierro para su némesis.
No, ella planeaba matar a Atenea.
De esa forma no habría una misión de regreso de nuevo.
Justo entonces el teléfono de su padre sonó.
De repente, había un ceño fruncido marcando la frente del viejo, un ceño
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que también marcaba la de ella. ¿Quién podría estar llamando a esta hora?
Fiona observó a su padre responder la llamada con cautela, vio cómo escuchaba atentamente a quien quiera que estuviera del otro lado hablando.
No podía oír lo que se decía, no tenía ni idea del tema ya que su padre solo escuchaba, pero por la forma en que el rostro de su padre se ponía más y más pálido, ella sabía que había un problema.
¿Qué pasó ahora?
Después de cinco minutos viendo a su padre envejecer veinte años ante sus ojos, el teléfono se le cayó de la mano, mientras se agarraba el pecho con dolor.
Fiona fue inmovilizada por el giro de los acontecimientos y no supo qué hacer.
No hasta que su padre señaló con un dedo tembloroso al gabinete justo
enfrente de él.
Rápidamente, se apresuró al gabinete, lo abrió y vio dos botellas de pastillas.
Leyó la inscripción. ¿Problemas cardíacos? ¿Cuándo había comenzado su padre con esto? ¿Por qué no se lo había dicho?
La respiración entrecortada de su padre interrumpió sus pensamientos. Volvió corriendo hacia él y le metió dos pastillas en la boca, según la prescripción.
Diez minutos después, se estabilizó.
-¡Qué demonios, padre! ¿Qué está pasando? ¿Quieres matarme? -exclamó
Fiona.
Alfonso negó con la cabeza y despeinó su cabello, cada vez más frustrado.
-¿Qué pasa, papá? ¿Qué sucedió? —preguntó ella.
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-No lo sé, Fiona. La llamada era de mi asistente. Las acciones de nuestra
empresa se desplomaron esta mañana -respondió Alfonso, visiblemente
turbado.
La boca de Fiona se abrió en shock.
-Eso no es todo. Zack Moore, el padre de Atenea, está sufriendo lo mismo. Ewan lo está pasando peor… -Alfonso continuó, sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas. ¿Cómo podía irse a la quiebra a esta edad?
Fiona se sentó despacio, sin creer lo que estaba oyendo.
-Fiona… -dijo él, haciendo una pausa.
Ella miró a su padre.
—¿Qué hiciste? ¿Ofendiste a Atenea otra vez? ¿Quién la está respaldando?? -preguntó con sospecha..
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