Capítulo 19
La voz de Margarita seguía slendo serena, pero se convirtió en el puñal más afilado, clavándose muy lento en el corazón de Raúl.
Él se vio acorralado por sus palabras, retrocediendo paso a paso hasta que, con un fuerte “i bam!“, chocó contra la pared. Ya no tenía escapatoria.
El color en Raúl desapareció por completo Raúl.
Abrió la boca, pero descubrió que no podía decir nada más.
Margarita, de repente, se apartó de él. La sonrisa sarcástica que había en sus labios también se desvaneció.
-Mira, ni siquiera puedes responderme esta pregunta tan simple.
-¿Qué más podrías explicarme?
-Raul, si pudiera elegir, preferiría no haberte conocido nunca.
así
Si asi hubiera sido, no habría tenido que soportar una herida tras otra, ni habría sufrido durante tanto tiempo.
Margarita miró al hombre que tenía enfrente; en sus ojos solo se reflejaba dolor.
Él le había dado muchas explicaciones, pero, ante su traición, todas sus palabras parecían absurdamente vacías.
No servían para nada más que para convertir la situación en una burla.
Margarita lo observó en silencio, con la mirada impasible ante lo sucedido.
Esperó a que Raúl terminara de hablar y, solo entonces, respondió con frialdad:
-¿Acaso ya terminaste de explicar?
Raúl se tensó y, con evidente nerviosismo, asintió de inmediato con la cabeza.
Parecía un niño pequeño esperando la sentencia de su castigo.
Pero para su desgracia, Margarita no le dio ninguna respuesta.
Ya había desperdiciado demasiado tiempo con él y si no regresaba pronto, Santiago y Martina de seguro empezarían a preocuparse.
Se dio la vuelta y se marchó, dejando atrás solo una frase:
-No nos volvamos a ver jamás.
Apenas su voz se apagó en el aire, Raúl se desplomó en el suelo, con la desesperación reflejada en su mirada mientras veía su silueta desaparecer
Capitulo 17
¿En verdad lo odiaba tanto?
¿Ni siquiera estaba dispuesta a darle una sola misera oportunidad?
-Heh…
Después de un largo rato, una amarga sonrisa se dibujó en sus labios.
Tal vez las palabras de Margarita surtieron efecto porque en los días siguientes no volvió a ver
a Raúl.
Desde que Martina se recuperó y salió del hospital, Margarita había hecho que ella y Santiago se quedaran en su apartamento mientras tanto.
Les había dicho que, antes de regresar al campo debían aprovechar para recorrer bien ciudad Esmeralda.
Ese día, mientras Santiago y Martina dormian la siesta, Margarita decidió salir a dar un paseo.
Pero justo cuando abrió la puerta, vio a los antiguos mayordomos y sirvientes de la mansión parados en la entrada de la casa.
Al verla salir, todos se apresuraron a rodearla.
Señorita Margarita, escuchamos que había regresado al país y quisimos venir a verla.
¿Escucharon qué?
Aparte de Raúl, casi nadie sabía que Margarita había vuelto.
Un destello de frialdad cruzó por sus ojos, pero lo ocultó de inmediato y los invitó a pasar.
Sin embargo, el mayordomo y los sirvientes se apresuraron a rechazar la invitación, quedándose en la puerta para exponer sus intenciones.
Después de que Margarita se marchó, le devolvieron a Raúl los regalos que ella les había dado.
Pero, pocos días después, Raúl les compró nuevos obsequios para compensarlos, como muestra de gratitud por todos los años en que cuidaron de Margarita.
Como ya habían aceptado los regalos de Raúl, sintieron que también debían agradecerle por
ser su patrón.
Así que decidieron venir a hablar con ella e intentar persuadirla. Después de todo, alguna vez habían sido esposos.
Raúl ahora comprendía con claridad su error y esperaba que Margarita le diera la oportunidad de enmendarlo
Estos días lo habían visto cómo se había desmoronado y, a sus empleados de verdad, les dolía
verlo asi.
Para Margarita, todo esto no era más que un mal chiste.
Al ver que él no podía hacer nada por sí mismo, ahora había enviado a otros a suplicarle por él.
Aun así, entendía que lo hacían con buena intención, por lo que se limitó a sonreir sin decir
nada.
El mayordomo y los sirvientes captaron la indirecta y decidieron no insistir más.
Tras intercambiar algunas palabras triviales con ella, se despidieron y se fueron.
Pero después de la intervención de Raúl, a Margarita se le quitaron por completo las ganas de salir a pasear.
Así que
cerró la puerta y regresó a su habitación para tomar una pequeña siesta.
Esa tarde, su sueño fue especialmente inquieto.
Durante los tres meses que pasó en el extranjero, no había soñado con Raúl ni una sola vez.
Pero hoy volvió a verlo en sus sueños.
Y la escena no era nada menos que la de su boda.