Capítulo 21
Después de soltar un montón de palabras, la miro con expectación.
Como si con solo un gesto de aprobación por parte de ella, pudiera deshacerse de Sofía y del hijo que llevaba en su vientre de inmediato.
Margarita observó al Raúl frente a ella con una placa de desilusión en la mirada.
Después de decir tanto, ¡seguía echándole la culpa a ella por su infidelidad!
¿O acaso lo hacía porque le dolía verla sufrir al dar a luz y por eso buscó a Sofía para que tuviera un hijo en su lugar?
Aún ahora, él seguía creyendo que lo había dejado por Sofía.
Al ver que Margarita no respondía, Raúl asumió que estaba de acuerdo con la idea.
Con solo pensar que, si se deshacía de Sofía y del niño que llevaba en el vientre, Margarita podría volver a su lado.
Se sentía cada vez más exaltado, hasta el punto de querer besarla sin poder contenerse.
-¡Paf!
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Antes de que sus labios pudieran tocar los de ella, la mano de Margarita se estrelló contra sus mejillas.
-¡Raúl, ¿qué demonios te pasa?!
Fue en ese momento cuando Margarita se dio cuenta de algo que la perturbo.
Raúl jamás se había detenido a pensar que su matrimonio fallido pudiera ser culpa suya.
Aún tenía la ingenua idea de que bastaba con eliminar los “problemas” para que ella volviera a su lado otra vez.
Pero el verdadero problema siempre había sido él
Pensar que aquel Raúl que una vez conoció ahora estaba dispuesto a hacerle daño a dos vidas llenó su voz de decepción.
-¿Cómo pudiste llegar a este punto?
-¿Por qué no te detienes a pensar si el problema eres tú?
* Raúl se llevó la mano a la mejilla, sorprendido por la bofetada. Se quedó en blanco por unos
segundos antes de soltar una amarga sonrisa.
-Sí, estoy loco per de amor.
-Desde
que te fuiste, todas las noches tengo pesadillas.
Capitolo 21.
-En mis sueños, siempre te vas, siempre me abandonas, de una y otra forma.
-Me estoy volviendo loco con estas malditas pesadillas.
Y si hay algo que pueda hacer para recuperarte, lo haré sin pensarlo.
Dicho esto, dejó de mirarla, se dio la vuelta y desapareció bajo la lluvia.
-¡Raúl!
No importó cuánto lo llamara Margarita, él nunca se detuvo.
¡Loco!
Pero antes de que Raúl pudiera hacer algo, Sofía volvió a tener un parto prematuro.
El bebé fue colocado en una incubadora apenas nació.
Pero no sobrevivió más de tres días.
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Paola, quien había llevado a Sofía al hospital, miró el pequeño cuerpo sin vida con indiferencia.
Tal como pensé, un niño sin suerte de una madre sin suerte.
Al darse cuenta de que Sofía ya no tenía ningún valor, Paola retiró a todas las personas que estaban encargadas de cuidarla.
Solo dejó atrás unas frías palabras: Toma el dinero y lárgate lo más lejos posible de esta familia.
Muy pronto, la habitación del hospital quedó por completo vacía. Sofía apretó la tarjeta bancaria en su mano y, finalmente, no pudo evitar sollozar.
Todo se había acabado.
Todo se había ido para siempre.
Sin la familia Díaz, sin Raúl.
Incluso el hijo por el que había luchado tres días y tres noches… también la había abandonado.
-¡Ahhh!
Su llanto desgarrador resonó en el pasillo, pero nadie la consoló ni le tuvo piedad.
Una enfermera que pasaba por ahí escuchó sus gritos de desesperación y solo puso los ojos en
blanco con fastidio.
Pero antes de que pudiera terminar de girarlos, una figura alta apareció de repente frente a ella.
La enfermera, asustada, bajó la cabeza y se marcho de inmediato.
-¡Señor Raúl!
Raúl la ignoró por completo y se detuvo frente a la habitación de Sofía por un momento.
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Esperó hasta que los sollozos en el interior se fueron apagando poco a poc
puerta y entró.
La misma habitación. Las mismas dos personas una vez más.
Sofía lo miró, primero con desconcierto, pero enseguida con odio.
-¡Raúl, debes estar satisfecho ahora!
-¡Todo esto es por tu culpa!
-¡Ahora no tengo nada, ni siquiera en que caerme muerta!
entonces, abrió la
Mirando el rostro desfigurado por la ira de Sofía, Raúl dejó escapar una fría carcajada.
-¿Ya estas satisfecho?
-Ni siquiera ha sido suficiente para mí.
Solo de pensar que había sido manipulado por una mujer como ella y que, por su culpa, Margarita se había alejado de él.
Una furia ardiente le recorrió el pecho de repente
Avanzó con paso firme, le sujetó el menton con fuerza y habló con mucha rabia.
Deberías sentirte afortunada de que tu hijo no haya sobrevivido.
-De lo contrario, habrías tenido que acompañarlo también a un mejor lugar.
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