Capítulo 24
Pero Raúl permaneció inmóvil en el mismo lugar e, incluso, extendió la mano para sujetar la de Margarita.
Margarita apartó su mano con un golpe y se dispuso a ayudar a unos amigos a llevar al hombre que había bebido demasiado al hospital.
Sin embargo, uno de ellos se adelantó y la rechazó con amabilidad, explicándole que aquella cena había sido organizada para despedirla y no para meterla en problemas.
Jamás imaginaron que terminaría de esa manera
Aún se sentían culpables por lo sucedido, ¿cómo iban a molestarse en pedirle ayuda a la invitada de honor?
Dicho esto, su amigo le dio un leve empujón y le sugirió que mejor se fuera a casa a hacer sus maletas.
Margarita no insistió más y se dio la vuelta para marcharse.
-¡Margarita!
Raúl no le había quitado los ojos de encima. Al escuchar a su amiga decir que debía volver a casa a preparar su equipaje.
Sintió un repentino pánico y la tomó del brazo con firmeza.
-Margarita, ¿a dónde vas esta vez?
En su frente, la herida que le habían tratado no era más que una cicatriz grotesca.
Y justo debajo de ella, sus ojos reflejaban una angustia desesperada.
Aquello lo hacía verse, patético y ridículo.
Margarita no respondió. Solo intentó liberar su brazo del agarre de Raúl.
Pero, sin importar cuánta fuerza hiciera, no podía zafarse. En cambio, él la atrajo de un tirón y
la envolvió en sus brazos.
-Dímelo, ¿a dónde piensas ir?
Su voz temblaba, pero Margarita seguía con la misma frialdad de siempre.
Margarita…
Finalmente, ella alzó la mirada y lo observó sin expresión alguna.
-¿Y qué tiene que ver contigo a dónde yo me vaya?
Aprovechando el momento en que Raúl quedó atónito, ella apartó su brazo con brusquedad y
se dirigió a la puerta sin
-¡Margarita!
cir nada.
Raúl intentó ir tras ella, pero en el instante siguiente, un fuerte impacto lo golpeó de lleno.
-¡Bang!
Margarita giró la cabeza de golpe, con el horror reflejado en sus ojos al presenciar la escena.
Desde el accidente que dejó a Raúl con las piernas paralizadas, él se había sumido en un estado bastante penoso.
Pasaba los días abrazado a la fotografía de su boda con Margarita, repitiendo su nombre una y
otra vez.
Quienes lo rodeaban, incapaces de soportar la escena, acudieron a Margarita para pedirle que fuera a verlo.
Después de todo, habían sido marido y mujer. Lo mínimo que ella podía hacer era que lo visitara.
Péro Margarita siempre se negó sin dudarlo.
¿Qué sentido tenía acaso?
Los sentimientos entre ella y Raúl habían desaparecido hacía mucho tiempo.
Al final, la gente solo podía suspirar y marcharse
Ese día, después de despedir a otra persona que intentó convencerla de visitar a Raúl en el hospital.
Margarita estaba a punto de cerrar la puerta cuando una voz femenina y madura la detuvo a la distancia.
-Espérame un momento.
Al levantar la vista, vio a Paola de pie frente a ella, con la mirada cargada de años y cansancio.
Margarita le extendió una taza de café caliente.
Paola le dio las gracias, tomó el café y dio un sorbo antes de revelar el motivo de su visita.
Una vez más, se antigua enemiga le pidió que fuera a ver a Raúl al hospital.
Por primera vez, Margarita vio un destello de súplica en los ojos de Paola.
Desde el primer día de su matrimonio, Paola nunca la había querido.
No importaba lo que hiciera, Paola siempre encontraba algo que criticar, Su mirada hacia ella siempre había sido con desprecio.
Pero esta era la primera vez que veía aquella expresión en sus ojos.
Capitulo 24
Margarita apretó con más fuerza la taza de café y aun así, respondió con un simple: Perdóname.
-Lo que hubo entre nosotros como esposos ya terminó.
-El hecho de que ya no lo odie es la mayor concesión que puedo hacer por
él.
Al escuchar su respuesta negativa, Paola pareció envejecer aún más.
Pero al pensar en su hijo, ahora postrado en una silla de ruedas, decidió intentarlo una vez más.
-Pero estuvieron casados
por
cinco años…
—Él te amaba tanto, hizo tantas locuras por ti sin importar las consecuencias…
-Locuras…
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