Capítulo 3
Nadie esperaba que Raúl fuera tan tajante. De repente, la atmósfera en la sala se apagó.
Sin embargo, Margarita, al ver a quien hasta hace solo un momento la defendía con tanto fervor, no sintió ni un poco de emoción.
Al darse cuenta de que su hijo hablaba en serio, Paola cedió con fastidio. No hay problema, comamos mejor primero.
Durante la cena, lo único que se escuchaba era el sonido de los cubiertos chocando contra los platos, acompañado con las ocasionales echaderas de vaina de Paola.
La mano de Margarita, que sostenía los cubiertos, se tensó.
Sabía que eso era la señal de que Paola estaba a punto de sermonearla.
Y, tal cual, al segundo siguiente, Paola dejó sus cubiertos sobre la mesa.
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-Lo demás no nos importa, pero al menos tienen que darnos un nieto, ¿no es justo?
-No pueden dejar esta casa sin un heredero.
Raúl también dejó sus cubiertos de inmediato.–Ya se los dije, Margarita odia el dolor. No voy a permitir que sufra el tormento de un parto. ¡Prefiero quedarme sin hijos en a que ella sufra!
Fernando y Paola, al escuchar eso, perdieron por completo el apetito.
Justo cuando estaban a punto de iniciar otra discusión, Margarita habló de repente:-Dentro de quince días… papá, mamá, en quince días tendrán a su nieto.
Sus palabras sorprendieron a todos.
-¿Margarita?-Raúl le tomó la mano.–Dijimos que no tendríamos hijos. No tienes que hacer esto por mí.
Margarita miró la expresión seria con la que él la defendía y esbozó una leve sonrisa.
Ella solo dijo que tendrían un nieto, pero nunca mencionó que sería ella quien lo tuviera.
En quince días ya estaría en el extranjero. Si tanto le gustaba Sofía y se acostaba con ella todas. las noches, lo normal era que fuera Sofía quien le diera un hijo.
Así que sonrió y dijo: Es el deseo de los mayores. Debemos cumplirlo.
Raúl, al verla tan comprensiva, sintió de repente una leve duda.
Ella estaba siendo demasiado razonable.
Los rostros de Fernando y Paola se suavizaron y sonrieron.–Así es como deben ser las cosas.
Pero Raúl aún tenia la sensación de que algo no encajaba. Quiso seguir preguntando, pero en
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ese momento su celular vibró. Echó un vistazo a pantalla y su expresión cambió un poco.
Margarita, que estaba sentada cerca, logró ver el mensaje de un solo vistazo. Era de Sofía.
[Raúl, hay un chico que está interesado en mí y quiere mi contacto. ¿Se lo doy o no?]
En su mente, Margarita empezó a contar los segundos. Uno, dos, tres…
Justo en el tercer segundo, Raúl se levantó de golpe.–Lo siento, Margarita. Tengo un asunto que atender en la empresa. Quédate aqui y come tranquila, cuando termines iré a recogerte.
Dicho esto, ni siquiera esperó su respuesta y se fue a toda marcha, sin molestarse en tomar su abrigo.
Apenas Raúl se marchó, Fernando y Paola dejaron de fingir y comenzaron a criticarla sin
reservas.
Dime, ¿cuántos años llevas casada ya? Y todavía no te has embarazado. ¡Qué vergüenza! -Vienes de una misera familia sin nombre ni tampoco fortuna, y encima, tus padres están muertos. Si no fuera porque Raúl te quiere, ¿de verdad crees que podrías ser la señora Rodríguez? Estoy muy en lo cierto cuando digo que haberte traído a esta casa fue lo peor que nos pudo pasar.
-¡¿Por qué lloras?! Ni se te ocurra ir a quejarte con Raúl. Todas las nueras reciben regaños. Mi hijo está muy ocupado, no lo molestes con estas tonterías.
Desde la mañana hasta la tarde, Margarita soportó cinco horas ininterrumpidas de
humillaciones.
Después de una larga espera, al atardecer, Raúl regresó para recogerla.
Mientras el auto avanzaba por el camino de regreso a casa, Margarita rompió el silencio.–¿ Terminaste con tus asuntos en la empresa?
Raúl se sorprendió por la pregunta, pero enseguida respondió con voz calmada: -Sí, ya todo está solucionado.
Mientras hablaba, su dedo indice golpeó con delicadeza el volante.
Ese era un gesto inconsciente que solía hacer cuando estaba de buen humor.
Tal vez porque ella no respondió enseguida, Raúl reaccionó y preguntó: -Después de que me fui… ¿mis padres no te molestaron, verdad?
Margarita estaba a punto de contestar cuando, de repente, notó algo debajo del asiento del ⚫ copiloto. Era un par de medias de lunares… rotas.
Ella sabía que Raúl se había ido a ver a Sofía, pero jamás imaginó que habrían estado en el auto.
En los cinco años que llevaban casados, ella siempre había sido muy reservada en ese tipo de
cosas.
Capitulo 3
Temiendo que él se aburriera, una vez, con las mejillas rojas, le preguntó si queria que hiciera algún diferente.
Él la abrazó y la besó con ternura.–Margarita, o solo tengo ojos para ti. Aunque estuvieras vestida con harapos, seguiría enamorado de ti. No necesitas forzarte a hacer cosas que no te gustan. Quien te ama, te desea tal como eres.
Pero aquel hombre que antes se mostraba tan puro y devoto, en la oscuridad se divertia con otra mujer.
Los ojos de Margarita se llenaron de lágrimas.–Tú qué crees?
Raúl no tenía ni idea de que sus secretos con Sofía habían sido descubiertos desde hace un tiempo. Pensó que su esposa lloraba por las humillaciones de sus padres.
Pisó el freno de golpe y la abrazó con fuerza.–Lo siento, Margarita. Es mi culpa. No debí dejarte sola con mis padres. Te prometo que nunca volverás a pasar por esto.
Pero en los brazos de él, Margarita solo sentía asfixia.
Reprimiendo las lágrimas, lo apartó.
-Sigue conduciendo.
Al fin y al cabo, entre ellos… ya no había un futuro.
Capítulo 4