Capítulo 4
Al llegar a casa, Raúl fue a estacionar el carro, mientras que Margarita entró y vio a Sofía en el sofá, con su camisón puesto, abrazando una bolsa de papitas fritas mientras veia la televisión.
Se detuvo en seco y preguntó: -¿No dijiste que hoy tenías una reunión y que no volverías a casa hasta tarde?
Sofia curvó los labios en una sonrisa y fingió timidez: -¡Ay, Margarita! Se me olvidó decirtelo. Pues me puse a pelear mi novio, por eso fue que foi a la reunión solo para hacerlo rabiar.
-Cuando se lo dije, pareció no importarle en lo más minimo, pero en cuanto puse un pie en la fiesta, él apareció de la nada y me sacó de ahí.
Mientras hablaban, bajó concite el cuello del camisón, revelando las marcas de besos esparcidas por su piel. Luego, lanzó una mirada provocadora a Margarita.
-Jamás imaginé que fuera tan celoso. En el carro lo hicimos tres veces seguidas.
Margarita escuchó sus palabras mientras sus uñas se clavaban en las palmas de sus manos. ! dolor muy fuerte comenzó a extenderse por todo su cuerpo.
Un
Tomo aire y preguntó con aparente calma: -¿Desde cuándo tienes novio? Nunca te escuché
mencionarlo antes.
Sofia alzó la mirada con una sonrisa despreocupada y respondió con naturalidad: -Desde hace
tres meses.
Justo tres meses atrás, Sofía se había mudado con la familia Rodríguez. En aquel entonces, había llegado a la ciudad por trabajo y el hermano de Raúl, preocupado por ella, le había pedido que la cuidara.
Así que, desde el primer día que se instaló aquí… ise había estado enredando con él!
La respiración de Margarita se aceleró. Estaba a punto de decir algo cuando sintió unas manos grandes posarse sobre sus hombros.
Raúl entró y, con voz suave, dijo: -Margarita, has tenido un día bastante agotador. Voy a prepararte el baño. Relájate y descansa temprano, ¿si?
Sin darle oportunidad de replicar, la empujó con suavidad hacia el baño.
Margarita estaba a punto de quitarse la ropa para darse una ducha cuando se dio cuenta de que había olvidado llevar su ropa limpia.
Abrió la puerta para salir a buscarla, pero lo que vio la dejó helada.
A unos metros de distancia, Raúl arrancaba con lujuria el camisón de Sofía y la presionaba contra el sofá.
Captu
Sus manos grandes la sujetaban con fuerza por la cintura mientras muchos besos descendían
hacia abajo.
Sofía se aferraba a sus hombros, arqueando la espalda y jadeando con placer ante la
expectativa de a donde conduciría ese rio de besos.–Ah… ah… vamos más despacio… i Margarita sigue en el baño y de pronto nos escucha! ¿Acaso no tuviste suficiente en el carro hoy?
Los movimientos de Raúl se volvieron aún más intensos. Sofía comenzó a gemir con un tono. entrecortado, casi como un llanto.
-¡Cierra la boca de una buena vez!
-¡Atrévete a volver a ver a otro hombre y verás lo que te hago!
Los labios de Sofía se curvaron en una sonrisa maliciosa. Como si notara algo.
Levantó la vista con un aire seductor y lanzó una mirada desafiante a Margarita, quien seguía petrificada en la puerta.
-Ok, ya no lo haré. Soy toda tuya, ¿no es suficiente con eso?
-No seas tan celoso.
Margarita no pudo seguir viendo más. Agarró su ropa a toda velocidad y cerró la puerta del baño de golpe.
Se hundió en la bañera, sumergiéndose por completo en el agua. Su mente no podía dejar de divagar en lo que acaba de presenciar.
Cinco años atrás, durante su luna de miel en una isla paradisíaca…
Apenas si había mirado un momento a un hombre, bien guapo por cierto y con abdominales marcados en la playa, y Raúl había puesto su mirada llena de celos en ella.
La había arrastrado de regreso a la suite presidencial y, durante siete días enteros, no le permitió salir ni un solo momento.
Hasta que los condones se acabaron y hasta las tablas de la cama terminaron rotas..
Él la abrazó con ojos enrojecidos y voz suplicante: -Margarita… Yo también tengo lo que ellos. tienen. No mires a otros hombres, no me dejes…
Ella tuvo que prometerle una y otra vez que no lo haría, hasta que su enojo y celos se disiparon por completo.
Desde aquel día, nunca más se atrevió a mirar a otro hombre.
Y ahora, por Sofia… él volvía a enloquecer de la misma manera.
Margarita sacó la cabeza del agua y respiró hondo.
Cuando salió del baño, en la habitación solo quedaba Raúl
Sobre la mesa frente a él, además de la fruta cortalla, había un vaso de agua con miel.
Al verla salir, tomó el vaso y se lo ofreció con una actitud complaciente. Hice las cuentas y en unos días te llegará tu periodo. Te preparé agua con miel con anticipación. Bebe un poco, así te dolerá menos después,
Margarita sostuvo el vaso humeante entre las mos, pero en su interior no sintió ni el más
minimo calor.
No entendía cómo podía actuar tan bien.
Acababa de bajar de la cama de otra mujer y, en un abrir y cerrar de ojos, ya fingía ser un esposo amoroso y devoto.
Esa idea se fijó en su mente, lo que le impidió dormir bien en toda la noche.
Justo cuando comenzaba a quedarse dormida, Radl, que descansaba profundo a su lado, de
repente gritó:
¡Margarita!
En el siguiente instante, se despertó sobresaltado y, con desesperación, empezó a tantear a su alrededor.
No se tranquilizó hasta que encontró su cuerpo y la estrechó entre sus brazos.
-¡Margarita, no te vayas!
Margarita se apretó un poco.–¿Qué te pasa?.
Raúl tenía los ojos enrojecidos por el miedo.–Tuve una pesadilla… soñé que me dejabas. Pero por suerte, solo fue un sueño… Qué alivio que sigues aquí conmigo.
Margarita bajó la mirada.
Quiso decirle que pronto ya no estaría.
Tal vez por culpa de aquel sueño, al día siguiente Raúl insistió en llevarla con él al trabajo.
Margarita se negó, pero él le suplicó de todas las formas posibles.
Para no perder más tiempo en discusiones, terminó aceptando y salió con él.
Apenas puso un pie en la oficina de Raúl, vio que su escritorio estaba lleno de fotos de ella.
- Al notar que las miraba con la mirada ausente, Raul la abrazó por detrás y se acurrucó contra su cuello con forma tierna.–Muchas mujeres intentan acercarse a mi todo el tiempo. Desde que puse estas fotos, la situación ha mejorado mucho. Margarita, quédate tranquila, tu esposo es un hombre fiel.
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Margarita bajó la intrada para observarlo, pero no dijo nada.
Justo en ese momento, su asistente llamó a la puerta para recordarle que la reunión estaba port
comenzar.
Raúl la abrazó un rato más con renuencia antes de soltarla y marcharse, dejándola libre para pasear por donde quisiera.
Margarita no tenía interés en recorrer el lugar, pero tampoco quería quedarse en su oficina.
Así que caminó por todos los pisos del edificio. Casi al mediodía, recibió una llamada inesperada. Era de la oficina de migración.
-Señorita Margarita, para completar su trámite de inmigración, necesitamos que venga en persona a firmar un documento a nuestra oficina.
Margarita apenas iba a responder cuando, de repente, escuchó una voz familiar detrás de ella.
-¿Qué desea usted tramitar?